Capítulo 4: "Alchemilla"

43 1 2
                                    

Después de haber caminado por dos cuadras entre la niebla cuidándome de algún ataque, llegué ante la Iglesia Balkan; una majestuosa iglesia -demasiado para una pequeña zona residencial- muy grande, pintada de color café ocre, en la cual en el centro se puede observar una prominente cruz en lo alto. Entro empujando hacia adentro las puertas grandes de madera que me doblan la estatura esperando encontrar algo de ayuda adentro a pesar de que las campanas dejaron de sonar hace como diez minutos.

Todos los asientos de congregación para miembros se encuentran vacíos pero hasta el fondo, en donde permanece una escultura grande de Jesucristo crucificado, hay un un podio en el cual una silueta femenina dándome la espalda lleva la vestimenta parecida a la de una monja, mirando hacia el suelo como orando en silencio. Cuando cerré las puertas el eco del sonido fue tan fuerte como para que la mujer levantara la cabeza, tranquila da media vuelta y me mira fijamente.

La mujer tiene un aspecto muy maduro, tal vez de poco más de cincuenta años de edad, de cabello largo pero recogido; gris con pequeños destellos blancos y negros, tiene arrugas muy marcadas en su cuello y su frente, además de unas ojeras que ya alcanzaban un tono púrpura, pareciera que no ha dormido en semanas. No quiero ser irrespetuoso así que sólo me limitaré a pedir información.

—¿Usted estaba sonando las campanas? -Pregunté mientras miraba a aquella mujer de capa café obscuro de algodón que parece haber sido tejida a mano.

—Lo he estado esperando, la Giromancia lo predijo. -Dijo la mujer con voz áspera y ronca, alzando la mano izquierda a la altura del pecho, en señal de sabiduría.

—¿De qué me está hablando? -Inquirí alzando una ceja.

—Sabía que usted vendría,... usted quiere a la niña ¿No es así? -Respondió con una leve sonrisa en tono desafiante, retórico.

—¿La niña? ¿Se refiere a Cheryl? -Dí un pequeño paso hacia adelante.

—Yo lo veo todo. -Serena, volteando un momento para dejar algunos objetos en el podio.

—¿Usted sabe algo? ¡Dígamelo! -Me acerqué de una manera más pronunciada a la extraña mujer.

—¡Retroceda! -volteó la mirada y gritó furiosa resonando el eco- ¡No va a ganar nada merodeando y dando vueltas por ahí sin sentido! -bajó un escalón- Debe seguir el camino, el camino del ermitaño... oculto por Flauros.

—¿Qué? ¿De qué me habla usted? -Comienzo a creer que la mujer o está loca o esconde algo.

La mujer acercó sus manos a un bolso que cuelga en su costado derecho y sacó un pequeño objeto tridimensional en forma de pirámide.

—He aquí Flauros -lo levanta con ambas manos a la altura de su rostro-, una jaula de paz. Puede romper a través de las paredes de la obscuridad y puede neutralizar la ira del inframundo. Ésto le ayudará -lo baja y voltea de nuevo para dejarlo en el podio-.
—Diríjase al hospital antes de que sea muy tarde. -Sin más qué decir bajó los escalones yendo a una de las puertas del interior de la iglesia.

—¡Espere! -levanté el brazo intentando detenerla- ¡No se vaya aún! -Pero la mujer hizo caso omiso.

¿Al hospital? ¿Por qué al hospital? Bueno, es la segunda persona que he encontrado por aquí aparte de Cybil y tal vez ahí hay alguien que me pueda explicar qué sucede aquí, debo apresurarme.

Me he acercado al podio para tomar el "Flauros" no ocupa mucho espacio en una de las bolsas de mi chaqueta y un mapa de la zona céntrica de la ciudad de Silent Hill, será de mucha ayuda. En la zona céntrica de la ciudad está el Hospital, una estación de policía, una tienda de antigüedades, la oficina postal, etcétera. Todo cerca de las costas de un lago muy grande. Si hay una estación de policía puede que Cybil esté ahí, así que primero me aseguraré de ir a ella.

Silencio en las MontañasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora