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"Reunanse Valkirias! Pues su hermana mayor Brunhilde las necesita!"



























El Ragnarok comenzaba en una horas, la pequeña Valkiria por primera vez en su vida miraba como las 14 hermanas semidiosas estaban reunidas en un mismo lugar. Sin embargo faltaba una, una que le daría un dolor de cabeza porque. Era curiosa, inteligente y audaz en cuanto a una situación de su importancia se requiere.

La mayor de las hermanas no la necesitaba en ese momento, porque por obvias razones ya había elegido a una de sus hermanas. Pero la Valkiria de cual hablamos estaba en una torre, en su propia habitación observando las estrellas atravez de su gran telescopio y pintando lo primero a su paso.

Sus delicadas manos y finos dedos movían el pincel de manera profesional, tanto que con la sonrisa más bella de su rostro. Encantaría a cualquiera que la viera, no era la excepción que varios dioses ya tenían ojo a ella y a sus hermanas.

- Mi querida Valkiria - La de cabellos amarrados miro la puerta - He traído lo que ordenó.

En las manos del Dios mensajero, se encontraban libros de lengua humana, mientras más información tenga en el cerebro, más interés tendría en su vida y en varios conceptos de la astronomía y la ciencia.

- Oh! Querido Hermes! - Dejo el pincel de lado y se acercó a él - Te debo mucho, no sabes cuánto tiempo desee estudiar este tipo de temas humanos.

Con el único Dios en cual nuestra protagonista se llevaba en excelencia, era con Hermes el Dios mensajero y hijo de Zeus. Era tan educado con ella que la trata como la dama que es, Hermes no hay que decir que tenía sentimientos ocultos tras la bella Valkiria. Sin embargo la contraria no respondía esos sentimientos hacia el, por lo que sólo decidió dejarlo ir y seguir cerca de ella. Como un recordatorio de Ver pero no tocar ya que, la femenina jamás en su vida se había enamorado y se había dedicado a la ciencia y el estudio.

Después de una pequeña charla sobre lo que haría con los libros, el Dios se despidió con un pequeño beso en la mejilla de la contraria haciéndola reír. Nadie entendía su obsesión con la literatura, había sido bendecida con el arte de nacimiento y la curiosidad de su linaje. Tal como el Dios Loki.


...



Su hermana le había regañado, tras la pérdida de la cuarta hermana Valkiria. Ella no se había presentado ante ningún llamado de su hermana mayor, no comprendía. Nadie lo hacía... Ni siquiera su pequeña hermana que la ciencia y el conocimiento lo es todo. Observando las estrellas sobre el vasto cielo, y ya casi terminada su taza de té por cortesía de un humano llamado Jack que pasaba por allí, terminaba de escuchar que la segunda batalla fue ganada por el padre de los dioses.

- Y eso qué? - Dijo en un susurro - ¿Qué pasa si ganamos hermana Brunhilde?. Pasarán otros mil años y de nuevo los dioses volverán a su juicio - Apretó sus manos sobre la piedra - Arriesgas las vidas de nuestras hermanas. Para tener satisfacción? Los humanos... Ellos jamás.

Rapidamente se tocó el rostro, unas lágrimas habían salido de sus ojos verdes como las de sus hermanas. En su vida se había enojado con alguien, ni siquiera con Poseidón que desprecio su posición de semidiosa en unas de esas reuniones pasadas de años, en ese momento su rostro era sereno y con una sonrisa en alto que hizo que el tirano de los mares presionara su tridente listo para matarla.

No se sentía feliz tras la muerte del tirano de los mares, ya que no guarda rencores por su actitud ese día.

Abrió los ojos... Esto realmente era obra de otra persona, una que ni Zeus es... Pero... ¿De que sirve? Y si fuera Odín? O alguien más fuerte. No tendría sentido pelear para que la humanidad viva por más años. Además ningún humano a admirado la ciencia, ninguno le interesa lo bastó de ese arte tan bello que sin tener conocimiento lo utilizan en sus vidas.

Antes de caer en el enojo y desquitarse con libros y lienzo, un ave canto en medio de la gran habitación dada por los dioses en espera de su humano. Al mirar sobre la ventana, se dió cuenta que era un pájaro. Pero muy distinto, todo era robótico que incluso su canto era extraño.

- ¿Y tu? ¿Quién eres? - Al tomarlo de sus manos, sus ojos brillaron - ¡Pero que maravilla de arte! ¡Esto es ciencia de verdad! - Un sonrojo en sus mejillas aparece - ¿Quien ser perfecto te creo?

Sus tristeza había desaparecido, mientras admiraba al ave robótica tomo un par de pinceles y hoja comenzando a pintar sin detenerse. La obra de este artesano era para guardarse y lo obsequiará a la persona creadora con la obra de arte hecha por ella.

El pájaro quedó su tiempo dejando que la Valkiria hiciera lo suyo, estaba programado para hacer cualquier cosa que le apareciera. Por lo que sus tornillos, engranajes y cables sintieron fue que estaba viendo a su creador, con la misma luz, la misma habla e intensidad por la ciencia.

Por lo que, al terminar la obra de arte. Se la dejó en su pico. Dejo que este volará luego de decirle que se la entregará a su creador. El pájaro voló y voló, hasta posarse en el hombro de un castaño que mantenía toda su atención en una ecuación de la enorme pizarra de su habitación.

Nikola, al darse cuenta que tenía una nota en su pico la tomó con delicadeza y la abrió haciendo que este pusiera sus dedos en su mentón. No solo era un dibujo, no sólo era hecho de pinceles y tinta, había una nota en aquellas líneas hechas a la medida.

- ¡Vaya obra de arte! - Exclamó - ¡El Pitágoras en una pieza hecha por manos científicas! - Sonrió - Pero que bello ser te creo?

Volteó la hoja dejando ver el nombre de la persona.







"Amé su obra Señor o Señorita. Desearía darle sus honores en persona, atravez de esta pintura con el diagrama del Pitágoras... Con amor y admiración"

Serén, Valkiria de la ciencia

Valkiria de la ciencia ▫️| Nikola TeslaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora