Capítulo 11

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En verdad me había perdido de mucho en mi pequeño (gran) lapso de tiempo en el hospital, era como si hubiera estado congelada por milenios y luego me hubieran descongelado en la más grandioso año de toda la vida; amaba mi cámara nueva, mi computadora y sobre todo poder por fin cuidarme sola, poder vivir sin estar encerrada.


Al despertar, me dirigí hacia la cocina, me serví agua en mi termo preparándolo para ir a correr o simplemente a caminar por ahí, buscar lugares. Deben de admitir que lo menos que quieres después de vivir en un hospital por años es seguir encerrada en una casa cuatro por cuatro. Asqueroso.


Al cambiarme y estar lista para salir de mi casa tomé una pequeña mochila y guardé lo esencial como mi cámara y mi libreta junto con una pluma, fieles compañeras. Salí corriendo y a la media cuadra sentía mis pulmones en mi garganta, mis piernas dolían, al parecer no aguantaría lo que imaginé poder aguantar; seguiré. Continue corriendo, yo podía hacerlo.


Estaba perdida.


De una u otra forma me había perdido en el momento en el que comencé a grabar todo lo que veía, tendría que ver los videos para regresar a casa, pero antes tomaría un descanso, estaba sudando, y mucho.


Me dirigí al otro lado de la banqueta visualizando como un pequeño parque que contaba básicamente con tres árboles y una banca, claro y una resbaladilla. El mejor parque de la vida, y por primera vez no era sarcasmo simplemente era agradable un lugar donde podías relajarte y no tener a un insoportable demonio gritándote justo en la oreja. Descolgué mi mochila dejándola en la banca y sentándome junto a ella.


Hice un gran trabajo al venir corriendo, lo haría casi diario, lo prometía, además quería agrandar un poco mi casi inexistente trasero y creo que esto ayudaría, lo buscaría en Google llegando a casa.


Un gato subió a la banca junto a mí y se sentó sereno y sigiloso ¿Qué estaba sucediendo, debería acariciarlo? Acerqué mi mano sin descuido alguno y lo acaricié sin descuido, recibí un maullido de su parte. Agradable. Estuve fácilmente cinco minutos acariciando su pelaje y tomandole video hasta que el muy maldito hijo de una gata tomó mi mochila como si nada y se la llevara arrastrando. No en mi territorio amigo.


Algo quería que corriera hoy, al parecer ese algo quería que perdiera esos kilos de más que gané en estos meses gracias a las deliciosas pizzas, hamburguesas y burritos que comía, oh burritos en algún momento tendría un burritogasmo (burrito y orgasmo) eran deliciosos. Volví a la vida real y lo vi entrando en una casa y ahí fue cuando paré en seco; no tocaría a la puerta, ¿qué tal si pensaban que era un testigo de Jehova, y si abrían me metían a la fuerza para taparme la boca con cloroformo y violarme?


-No, eso es estúpido aunque sería divertido que pensaran que soy testigo de Jehova.-pensé en voz alta.- tengo que dejar de hacer eso.-toqué el tibre.- espero y piensen soy testigo de Jehova, así todo sería más divertido.


-¿Disculpa, podrías permitirme la entrada a mí dulce hogar?


¿Qué?


Giré para encarar a la persona para encontrarme con un chico moreno de cabello negro, alto y con una sonrisa deforme, su cara, esa sonrisa deforme... parecía familiar.


-¿Alexander? ¿Alex?


-Hola Amelia.


¿Qué estaba sucediendo, era Alex?


-Lo sé ha pasado mucho, pero ¿te importaría dejarme pasar? en verdad duele cargar esto.- Bajé la mirada y noté que traía una caja gigantesca de la cual desbordaban artículos no identificados para el hogar. Asentí y me moví rápidamente mientras el me hacía un gesto de que entrara a su humilde morada.


-Linda casa.- mencioné sin tener nada mejor en mente.


-Halagas mi casa como si nunca hubieras venido, venías prácticamente todos los días cuando vivías con tu abuela en verano.


-Cierto, lo olvidaba... a pasado mucho.- En realidad no recordaba pero pobre Alex, era el amor de mi infancia.-¿Qué es esa caja?


-Limpiaré la casa y la mayoría de esas cosas son para limpiar, ¿gustas ayudarme?


-Claro que no, hoy es mi día de descanso y tenía una larga lista de nada que hacer planeada para hoy, lo lamento.


El rió y me lanzó un trapo, que al parecer antes era una playera blanca que se había vuelto gris y con hoyos. Así pasaron varias horas, platicábamos y reíamos para cuando terminamos ambos nos aventamos al sillón exhaustos.


-Amelia.-me dirigí a él.- Bienvenida a casa.


*****

Hola muy buenas, mundanos.

Hoy les traigo un nuevo capítulo y tal vez buenas noticias, publicaré un poco más seguido, no será a diario o cada dos días pero por lo menos procuraré que sea un tiempo considerable ¿de acuerdo?

En verdad agradezco que aunque no le den favorito o no comentes, por lo menos les agradezco por tomarse el tiempo de leer un poco de este pequeño proyecto en mi mente. Los quiero muchísimo y pues eso, bays.


kz.

Running From Say Goodbye.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora