Prólogo.

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Sakura.

—El sonido de un mensaje cortó mis pensamientos. El celular vibró sobre la encimera, iluminándose con un nombre que me hizo morder el labio: Sasori: "¿Qué tal el día? Realmente te extraño."

El corazón me dio un vuelco incómodo. Esa mezcla de culpa y nostalgia que siempre traían sus mensajes.

Estiré la mano para tomar el teléfono, pero un clic repentino me paralizó. La lámpara de la sala de estar se encendió.

Había alguien sentado en mi sofá

El plato se estrelló contra el suelo, estallando en mil pedazos de cristal.
Retrocedí instintivamente, evitando los vidrios se clavaran en mis pies.
Mi corazón latía tan fuerte que casi ahogó la voz que emergió de las sombras:—¿Oh? ¿Así de fácil es asustarte?.

Ese tono grave, tranquilo, y tan molesto que me había estado atormentando el día anterior resonó de nuevo, pero esta vez en mi sala.

Reconocí esa voz incluso antes de que mis ojos confirmaran lo que ya sabían: Itachi Uchiha, reclinado en mi sofá como si fuera el dueño del lugar, sus dedos estaban entrelazados sobre sul regazo.

Mi pulso se aceleró, pero me obligué a respirar hondo antes de responder:—¿Sabe que allanar morada es un delito, Señor Uchiha?

Itachi no se inmutó. En cambio, deslizó una mano dentro de su abrigo.
—Deberías sentarte, doctora. —dijo con calma glacial, ignorando mi anterior comentario.— Esto será una conversación larga.

Crucé los brazos, sintiendo el frío del linóleo bajo mis pies descalzos.

—No me interesa tener ninguna... 

El sobre manila cae sobre la mesa de centro con un golpe seco que retumba en el silencio de mi apartamento.

—¿Qué es esto? —pregunto, enarcando una ceja.

—Ábrelo —dice, y su voz es suave, casi amable. Como si me estuviera ofreciendo té y no, incomodando en casa ajena.

Mis manos tiemblan al desatar el cordel. El papel cruje bajo mis dedos y por un segundo cierro los ojos. El sobre manila que saco contiene algo más que papeles. Al abrirlo me encuentro con una fotografía: Ino y yo en la cafetería esta misma mañana, captadas en plena conversación a través de la ventana del local.  

No puede ser…

"Itachi no es solo el heredero, es el que mueve los hilos.", en este instante recordé perfectamente las palabras de Ino.

Un escalofrío me recorrió la columna vertebral.

—¿Es ésto una amenaza?.—Mi voz sonó más firme de lo que esperaba.

Itachi se acomodó en el sofá, dominando el espacio como si fuera suyo.

—Es un recordatorio de que todos tenemos seres queridos. —hizo una pausa deliberada. —Y de que los accidentes... ocurren.

El silencio que siguió fue más elocuente que cualquier grito. Con movimientos lentos, evitando los vidrios, me senté en el sillón frente a él, obediente ante su anterior petición. —Vamos al grano, Uchiha. ¿Qué quieres?

—Lo mismo que ayer.— Respondió, colocando las yemas de los dedos juntas. —Que aceptes ser el médico personal de mi hermano. Por las buenas... —sus ojos negros se volvieron color carmesí lentamente. —O por las malas.

El aire se espesó. Por un momento, solo escuché el tictac del reloj de pared y el latido acelerado de mi propio corazón.

—Nada de lo que digas cambiará mi opinión.—afirmé, clavándole la mirada. —Ni amenazas, ni fotografías, ni tus malditos juegos de poder.

Un Contrato✔Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora