Epílogo.

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Mansión Uchiha.
Habitación de Sasuke.
Tres semanas después de la boda.
3:45 am

Sasuke.

-¡SAKURA!

El grito rasga la oscuridad como un cuchillo.

Me incorporo en la cama con el corazón desbocado, las sábanas enredadas en mis piernas, el sudor pegando la camisa a mi pecho. Jadeo. Busco. No hay nada.

Solo la oscuridad.

Solo el silencio.

Solo la ausencia.

Pasa un minuto. O tal vez diez. El tiempo no significa nada cuando cada segundo es un peso sobre los hombros. Cuando la respiración vuelve a ser algo parecido a lo normal, apoyo la espalda contra el cabecero y me paso una mano temblorosa por el rostro.

Tres semanas.

Tres semanas sin ella.

Tres semanas desde que me la arrancaron de las manos.

La imagen regresa siempre en el momento más inesperado. Como un puñetazo en la oscuridad. Como un cuchillo que se clava y se retuerce. Arrodillado en el césped manchado de sangre. Su nombre desgarrándome la garganta. La furgoneta negra desapareciendo en la noche.

Cierro los ojos con fuerza, pero la imagen no se va.

Nunca se va.

El reloj marca las 4:23 am cuando por fin me levanto. No tiene sentido seguir en la cama. El sueño no vuelve. No vuelve desde aquella noche.

Me arrastro hasta el baño. La luz del espejo me devuelve la imagen de un desconocido: ojeras tan profundas que parecen heridas, pómulos marcados, labios secos y partidos.

Y los ojos...

Los ojos vacíos.

¿Dónde quedó aquel Sasuke Uchiha?

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7:30 am

-Son las 7:30 de la mañana cuando cruzo el pasillo principal hacia mi despacho. El desayuno puede esperar. La comida puede esperar. Todo puede esperar excepto encontrarla.

Pero no sé por dónde empezar.

Los investigadores que contraté no han dado con nada. La policía se lava las manos. Los Uchiha ya no tienen el poder que tenían; la muerte de Fugaku y Madara nos dejó cojos, sangrando, vulnerables.

Y yo estoy solo.

Más solo que nunca.

-¡Sasuke!

La voz de Karin me detiene a mitad del pasillo. Apoyo la frente contra la pared un segundo. Solo un segundo. Antes de girarme.

Ahí está. Mi esposa. Vestida con ropa cara, peinada con esmero, sonriendo como si nada hubiera pasado. Como si no hubiera visto los cuerpos. Como si no hubiera oído los disparos. Como si no supiera que la única persona que importa no está aquí.

Un Contrato✔Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora