Una Decisión y sus Consecuencias

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Capitulo 24: Una decisión y sus consecuencias

Su destino había sido sellado durante aquella oscura y tétrica noche en la cual decidió salir huyendo de la casa de sus padres. Aún luego de dos siglos, Lena Luthor era capaz de recordar esa noche como si la hubiese vivido hace solo unas horas atrás. Había deslizado una capa negra sobre un sencillo vestido marrón y había escapado de la habitación a hurtadillas. Recordaba el frio que le sacudió los huesos cuando atravesó la puerta que conectaba con la salida posterior, y el aroma a madera fundida que llenaba el lugar. No tenía miedo cuando se aproximó al bosque con paso presuroso, pero si lo tuvo horas luego.

La luna reposaba sobre su cabeza como una madre que vigila a su rebelde descendencia. Lena se había cansado de correr, y tras meditarlo por varios minutos, se había sentado en una enorme rama y apoyado su espalda del tronco de un enorme árbol. El bosque estaba en silencio a esas horas, exceptuando el sonido de los insectos en la distancia. La joven doncella se abrazó a sí misma, tiritando a causa del frío, pero decidida a permanecer lejos de su hogar. No volvería. No se acostaría con Jack Spheer. La mera idea le causaba una sensación de náuseas y miedo.

En algún momento, en uno de esos instantes en los cuales a causa del cansancio había cerrado los ojos, quedó dormida. Despertó a causa de un gruñido bajo que llegó a sus oídos. Miró alrededor, creyéndose atrapada, pero no se encontró con el serio rostro de su padre o los preocupados ojos de su madre sino con los negros ojos de una mujer de cabello rubio y corto que se acercaba a ella con lentitud. Sus fosas nasales se abrían con cada inhalación. Lena había gritado, y por instinto huyó. Apenas había corrido unos pocos pasos cuando tropezó con una enorme raíz y cayó estrepitosamente al suelo, la mujer que le asechaba cayendo sobre ella.

Años luego, cuando la vampira cerraba sus ojos, podía revivir el dolor que experimentó. Cada mordida, cada rasguño, cada jalón. Clarke Griffin. Ese era el nombre del demonio que le atacó y que le dejó medio muerta en aquel maldito bosque. Lena había gritado, pero no había nadie que escuchase...o eso había pensado. Recordaba haber observado unos ojos verdes antes de perder la consciencia y despertar a causa de una mordida.

Lex Luthor. El rostro de su hermano había sido el primero que observó cuando abrió sus ojos, todavía convaleciente y confundida. Lo demás...lo demás fue historia. Por un siglo ignoró por completo la realidad sobre su naturaleza...hasta que se enfrentó a un vampiro y logró matarlo con solo sus manos. Un vampiro no puede asesinar a otro. Fue Lex, a quien apenas soportaba durante esos años, quien le explicó la verdad.

Lena no solo era un vampiro, era mitad demonio. Lexa, hija de uno de los archidemonios más poderosos en el inframundo, le había salvado la vida luego de que su prometida le atacase. Luthor tenía 140 años cuando habló con su salvadora por primera vez. Desde entonces se dedicó a ignorar aquel detalle, pues ya se consideraba un monstruo siendo solo vampira.

(...)

La noche se hacía larga mientras descansaban sobre la cama. Lena deslizó sus manos por la espalda de Kara, pensativa. Sus uñas trazaron los músculos desnudos. Habían hecho el amor hace algunas horas, luego de que la rubia hablase con Sam sobre su decisión de volver a ser humana. Durante todo el día, ella estuvo meditando en la posibilidad de ignorar la promesa que le hizo a Kara y simplemente finalizar el ritual que eliminaría su parte vampírica. Sin embargo, hace dos siglos, Lena Luthor no tuvo la oportunidad de elegir...y si ella hacía esto, estaría forzando a Kara a vivir una vida que no había seleccionado.

No podía hacerlo.

Para bien o para mal...aceptaría la decisión de su novia.

Cerró los ojos, inhalando profundamente incluso cuando no necesitaba hacerlo y permitiendo que su mano se deslizase lentamente hasta la nuca de la cazadora, llegando a su cabello rubio y sedoso, perdiéndose en el mismo. Hace años prometió estar siempre para ella, y aunque la promesa había sido rota en una ocasión, Lena pretendía honrarla. Sus dedos comenzaron a acariciar los mechones de Kara en el silencio de aquella recamara que había presenciado la demostración de su amor en innumerables ocasiones hasta que la cazadora pareció despertar, pues sus cálidos labios se presionaron contra el frio cuello de la vampira.

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