Capitulo 2: El palacio de las sombras

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El viaje terminó frente a una estructura que desafiaba la lógica. La mansión Jeon no era un hogar; era una declaración de guerra arquitectónica. Columnas de mármol blanco sostenían un techo que parecía querer tocar el cielo, y el jardín, de un verde tan perfecto que dolía, nos advertía que allí no se permitían errores.

Al detenerse el auto, el despliegue de opulencia fue inmediato. Varios empleados aparecieron de la nada, moviéndose con una precisión robótica para vaciar el maletero. En lo alto de la escalinata, Jeon Chanyeol nos esperaba.

Al bajar, lo vi besar a mi madre con una devoción que me hizo sentir como un espectador en una película ajena. Pero fue su forma de mirarme lo que me detuvo. Chanyeol descendió los escalones con una elegancia atlética, quedando frente a mí con una sonrisa que lograba disipar el frío del ambiente.

— Jimin — dijo, y mi nombre en su voz sonó como una bienvenida real —. Es un aplcer conocerte por fin. Tu madre me ha contado que eres el centro de su universo. Hoy, este lugar deja de ser solo una estructura de piedra para convertirse en un hogar, porque tú estás en él.

— Es un placer... señor Jeon —respondí, intentando mantener la compostura mientras hacía una pequeña reverencia.

Chanyeol soltó una risa suave y me tomó por los hombros, obligándome a enderezarme. Me envolvió en un abrazo firme que olía a sándalo y a una seguridad que yo no conocía.

— ¿Señor Jeon? No, nada de eso — dijo al separarse, mirándome con ojos brillantes de sinceridad —. Aquí dentro, las formalidades se quedan en la puerta. Dime Chanyeol, o papá, o Chan... como dicte tu corazón, pero olvida los títulos. Ahora eres mi hijo, Jimin, y quiero que sientas que esta casa es tan tuya como lo es mía. No quiero ser solo el esposo de tu madre; quiero ganarme el derecho de ser tu familia.

Sentí un nudo en la garganta. Su cercanía me tomó desprevenido; era tan accesible, tan dispuesto a borrar las distancias, que por un momento creí que la vida finalmente me estaba dando un respiro.

Esa ilusión se hizo añicos una hora después. Tras explorar la mansión y maravillarme con una biblioteca que parecía un santuario antiguo, regresé al salón principal. El aire allí se sentía distinto, cargado de una electricidad estática que me erizó la piel.

Sobre el sofá de cuero, un chico de cabello azabache me observaba. Tenía una belleza letal: ojos grandes de un café miel que quemaban, un piercing plateado en el labio y un brazo cubierto de tatuajes intrincados. Parecía un ángel caído, hermoso pero peligroso y letal.

— Señorito Jungkook... — el empleado a mi lado hizo una reverencia nerviosa —, él es el joven Jimin.

Jungkook no se movió. Soltó una carcajada seca, un sonido metálico que rompió el silencio.

— ¿Así que este es el famoso Jimin? —preguntó, arrastrando las palabras con un desprecio infinito —. ¿O debería decir "la famosa"? Porque desde aquí solo veo a una muñequita de porcelana. Dime, ¿vienes con pilas incluidas o funcionas a cuerda?

— ¡Señorito, por favor! — intentó intervenir el empleado.

— ¡Cierra la boca! — rugió Jungkook— . Ve a la cocina y tráeme algo fuerte, ¡ahora!

El hombre salió huyendo. Mi paciencia se rompió.

— ¿Te crees muy valiente gritándole a quien no puede defenderse? — le solté, dando un paso firme hacia él —. No sabía que el dinero también compraba el derecho de ser un patán sin clase.

Jungkook se incorporó con una lentitud amenazante. Su altura era abrumadora, pero no retrocedí.

— Vaya, la nena tiene garras. Qué tierno. ¿Quién te dio permiso para hablar en mi presencia, intruso? Estás respirando mi aire. Ubícate.

𝐒𝐥𝐞𝐞𝐩𝐢𝐧𝐠 𝐰𝐢𝐭𝐡 𝐦𝐲 𝐬𝐭𝐞𝐩𝐛𝐫𝐨𝐭𝐡𝐞𝐫Donde viven las historias. Descúbrelo ahora