Capitulo 3: Jake Mate

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Sentí el peso de su brazo sobre mis hombros como una cadena de acero. No era un gesto de afecto; era una demostración de poder. Sus dedos se clavaron sutilmente en mi clavícula, una advertencia física mientras sus ojos miel brillaban con una hipocresía que me revolvía el estómago. Mis padres, cegados por la ilusión de una familia unida, sonrieron aliviados ante la escena.

​—Jimin es... un encanto. Sé que nos vamos a llevar de maravilla. ¿Verdad, hermanito?

​—Más de lo que imaginas —respondí, forzando una sonrisa dulce que no llegaba a mis ojos—. Vamos a ser... inseparables.

​Anunciaron la cena y nos dirigimos al comedor. La mesa era un desierto de madera fina y cubiertos de plata. Jungkook, con una insistencia que rayaba en el acoso, ignoró el resto de los asientos y se sentó justo a mi lado, invadiendo mi espacio vital.

​—¿No hay más sillas en este palacio? Lárgate a otro lado —le susurré, tan bajo que solo él pudo percibir el veneno.

​—¿Te pongo nervioso, muñeca? —me devolvió el susurro con una sonrisa de lado—. Es mi casa, me siento donde me plazca. Acostúmbrate a mi sombra, porque no te la vas a quitar de encima.

​La cena transcurrió bajo una falsa calma hasta que Jungkook, con una precisión ensayada, estiró la mano hacia su copa de jugo. De repente, fingió que el cristal se le resbalaba. El líquido helado se derramó directamente sobre mis piernas y mi estómago, empapando mi ropa.

​—¡Oh, no! ¡Qué torpe soy! —fingió una preocupación que me dio náuseas—. Lo siento tanto, Jimin. Se me resbaló de las manos... ¿Estás bien?

​—Ten más cuidado, hijo —dijo mi madre, suspirando con suavidad—. No pasa nada, Jimin puede ir a cambiarse. A cualquiera le sucede.

​Miré a Jungkook. Discretamente, me dedicó una mirada de triunfo absoluto. Me las iba a pagar. Me levanté con la dignidad que me quedaba y fui a mi habitación. Al volver, Chanyeol intentó integrar la charla con una amabilidad que me hacía sentir aún más culpable por el odio que le profesaba a su hijo.

​—Cuéntame, Jimin, ¿qué sueles hacer en tu tiempo libre? —preguntó Chanyeol.

​—Me gusta leer, y hace un tiempo practicaba boxeo y baloncesto —respondí, sabiendo que eso atraería la atención de Jungkook—. Tuve que dejarlo por una lesión, pero aún me defiendo bastante bien.

​—¡Es una idea maravillosa que entrenen juntos! —exclamó Chanyeol—. Jungkook es excelente en el ring. Podrían ayudarse. ¿Qué te parece, hijo?

​—Una idea... excitante —dijo Jungkook, alzando sus cejas con un desafío evidente—. Estaré encantado de enseñarte un par de cosas en el gimnasio, Jimin.

​—Sería un honor —respondí, y luego clavé mi estocada, mirando directamente a Chanyeol—. Usted se ve muy dedicado a lo que hace... papá. Admiro mucho que sea un hombre tan responsable. Ya entiendo por qué mi madre lo eligió.

​El silencio que siguió fue glorioso. Jungkook apretó sus cubiertos hasta que sus nudillos se tornaron blancos. Llamar "papá" al hombre que él consideraba su propiedad exclusiva fue como clavarle un puñal ardiendo.

​A las doce de la noche, alguien golpeó mi puerta. Al abrir, me encontré con Jungkook sosteniendo una caja azul con un lazo impecable.

𝐒𝐥𝐞𝐞𝐩𝐢𝐧𝐠 𝐰𝐢𝐭𝐡 𝐦𝐲 𝐬𝐭𝐞𝐩𝐛𝐫𝐨𝐭𝐡𝐞𝐫Donde viven las historias. Descúbrelo ahora