22. Andrew

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Nuestras manos encajaban a la perfección

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Nuestras manos encajaban a la perfección. Parecía que estuvieran hechas la una para la otra. Cuando levanté la mirada me encontré con los ojos de Abril que me miraban brillantes de felicidad y entonces lo supe sin ningún tipo de duda. Mi corazón le pertenecía. Si seguía latiendo era solo por ella.

Suspiré hondo y nos encaminamos hacia el London Bridge, no era un puente muy bonito pero desde allí había unas bonitas vistas del Tower Bridge, probablemente el puente más famoso de la ciudad. Cuando llegamos, nos apoyamos en la barandilla y nos quedamos en silencio observando las vistas. Aunque la mejor vista la tenía yo si me giraba un poco hacia mi derecha.

—Podríamos ir hacia el Tower Bridge y después volver hacia el London Eye, a ver si cuando llegamos tenemos suerte y podemos ver la puesta de sol desde arriba que sería espec...

—Ni hablar.

Me giré hacia ella sorprendido.

—¿No quieres subir al London Eye? Si las vistas desde allí son espectaculares.

—Me da igual —contestó con la mirada fija en el río—. Yo allí no subo ni loca. Imagínate que cuando estamos arriba se estropea y nos tienen que rescatar con una grúa. No, no, allí yo no subo ni subiré nunca.

Reprimí una sonrisa de idiota y le coloqué un mechón de cabello detrás de la oreja. Se estremeció ante el contacto y se acercó un poco más a mí, aproveché para pasarle un brazo por los hombros y nos quedamos un buen rato callados y abrazados, disfrutando del silencio que se había instalado entre los dos.

—Si subes conmigo seguro que no pasará nada —susurré.

—No insistas porque no eres un mecánico, que yo sepa, y no podrías arreglar la noria.

La estreché un poquito más y le di un beso en la cabeza.

—Está bien —acepté al final—, entonces tendremos que subir a otro sitio.

—¿Tienes complejo de spiderman? Prefiero tener los pies en el suelo, no quiero subir a ningún sitio.

—Aquí tendrás los pies en el suelo, confía en mí. Es un edificio de esos que se ven desde aquí, tiene una terraza enorme y cubierta. Le llaman Sky Garden, básicamente es un jardín en el cielo.

—Te recuerdo que sé inglés.

Apoyó la cabeza en mi hombro y se rio.

—Perdone usted, milady. —Sonreí y ella levantó un poco la cabeza para dejarme un tierno beso en la mandíbula que me volvió loco.

Me separé de ella y volví a cogerle de la mano para llevarla hasta el edificio que le decía.

—No te he dicho que quiera ir —protestó cuando cruzábamos la calle.

—Tú misma, o vienes por tu propio pie o tendré que cogerte en brazos como si fueras un saco de patatas.

—Andrew O'Connell amenazándome, nunca creí que viviría para ver este momento.

Siempre nos quedará Londres #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora