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Minji apretaba la bolsa de hielo contra su mano con una expresión de fastidio. Su piel ardía y podía sentir el pulso latiendo bajo sus nudillos. A pesar del dolor, no se arrepentía en absoluto de haber golpeado a JinWoo.

Justo cuando suspiraba con cansancio, la puerta de la enfermería se abrió de golpe. Hanni entró sin previo aviso y cerró la cortina con un movimiento brusco.

—¡Kim! —espetó con furia, fulminándola con la mirada.

Minji ni siquiera se inmutó.

—¿Ahora qué quieres, Elfo? —preguntó con desgano, colocando de nuevo la bolsa de hielo sobre su mano herida.

—¡¿Cómo te atreves a golpearlo?! —Hanni estaba roja de la ira, y su voz temblaba levemente—. ¡Cuando lo golpeaste en la mejilla, también le diste en la nariz! ¡Está sangrando!

Minji soltó una risa seca y alzó una ceja con burla.

—¿Y crees que me importa? Fue su culpa por meterse conmigo.

—¿Y lo que dijo fue mentira? —Minji se puso de pie con una expresión aún más molesta.

Hanni sintió un escalofrío cuando la vio avanzar con paso decidido hacia ella.

—¿Acaso no eres una becada? —insistió la menor con un tono acusador.

Minji cerró la distancia entre ambas con brusquedad, haciéndola retroceder hasta que su espalda chocó contra la pared.

—Por razones como esta no quería entrar a este maldito colegio de niños ricos —espetó Minji, clavando su mirada en la de Hanni. Con un dedo, empujó su hombro con desdén—. Por personas como tú, que se creen superiores solo por tener dinero.

Hanni apartó su mano de un manotazo.

—No me toques.

—Bájate de tu maldita nube, Pham. No eres nadie. Solo eres la hija de un hombre millonario, pero sin tu padre, no eres nada. Igual que todos aquí. ¿De verdad crees que todas esas personas que fingen ser tus amigos lo son? —Minji inclinó la cabeza con una sonrisa burlona—. Se acercan a ti solo por el dinero de tu papá, no porque les agrades.

Hanni sintió un nudo formarse en su garganta, pero mantuvo su expresión desafiante.

—¿Y tú qué sabes?

Minji se inclinó hasta que sus rostros quedaron a escasos centímetros.

—A nadie le agrada una estúpida niña engreída —susurró antes de girarse y salir del lugar sin mirar atrás.

Hanni se quedó quieta, con los puños apretados y la vista fija en el suelo. Su respiración estaba agitada, y, aunque no quería admitirlo, sus ojos se llenaron de lágrimas de rabia.

Se las secó rápidamente con la manga antes de salir de la enfermería.

—¿Te encuentras bien? —preguntó la enfermera con preocupación.

—Sí —respondió con voz seca antes de apresurar el paso fuera de ahí.

Afuera, Danielle y Haerin la esperaban.

—¿Lloraste? —preguntó Haerin, entrecerrando los ojos con curiosidad.

—No, solo me arden un poco los ojos. Me puse unas gotas —mintió. Luego, suspiró y miró a Danielle—. ¿Puedes llevarme a casa?

—¡Claro! Vamos.

Al salir del colegio, vio a Minji pasar en su moto a toda velocidad, sin casco.

—Estúpida niña suicida... —murmuró para sí misma, chasqueando la lengua.

Hurt - bbangsaz    EDITADADonde viven las historias. Descúbrelo ahora