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Capítulo 1

La luz del atardecer se filtraba a través de la ventana, tiñendo la habitación con tonos anaranjados. Sentada en mi escritorio, la pluma temblorosa se posó sobre las páginas de mi diario, un refugio de pensamientos y sentimientos que no podía compartir con nadie. Miré a mi alrededor; cada rincón de la habitación parecía recordarme lo que había perdido. Mi vida cada vez era más cansada, y en esos momentos de calma, la realidad abría sus puertas como un torrente. ...

"¿Qué estoy haciendo con esta carrera llamada vida?", me pregunté en voz baja. Las palabras resonaban en mi mente como un eco incesante. Mis sueños, antes tan vibrantes, se desvanecían, marchitos por la rutina y el desencanto. Mi familia, cada día más distante, parecía haberse fragmentado; conversaciones vacías hacían eco en las comidas familiares, llenas de silencias incómodas y miradas perdidas. Mis amigos, aquellos que solían ser el bálsamo de mis heridas, ahora parecían atrapados en sus propios laberintos emocionales, luchando con sus propias batallas.

"¿Eso es lo que pasa cuando te enamoras?", pensé nuevamente, mientras una marea de recuerdos me golpeaba. El amor, una fuerza que alguna vez sentí como un refugio, ahora se convertía en un recordatorio de lo inalcanzable. Con cada relación fallida, cada desilusión, sentía que un pedazo de mí se desgastaba, como un viejo mueble que pierde su brillo con el tiempo.

El año había sido un torbellino de emociones, un caos que se desbordaba cada día. Sentada en el borde de mi cama, las paredes me parecían opresivas, casi como si me miraran con juicio. Mi mente estaba lejos de encontrar la calma. Mark había sido mi primer amor, ese tipo de amor que arde intensamente pero que también quema. Dos meses atrás, su encuentro había marcado un giro inesperado, un camino que nunca había pensado recorrer.

Mi familia no podía estar más emocionada. "Denisse, ¡su adorada hija por fin va a ser alguien en la vida!", rajaban como si esa frase pudiera transformar la realidad. Me miraban con ojos brillantes, llenos de esperanza, mientras yo me sentía atrapada en una pesadilla inminente. La idea de tener una familia y estar casada era tan ajena a mí, como un cuento de hadas que nunca quise vivir. Cada vez que pensaba en eso, un nudo crecía en mi estómago, ahogando mis sueños de libertad.

Amaba a Mark; había sido mi refugio en un mundo complicado, pero sabía que nuestra relación no era el modelo ideal. La adultez nos había golpeado con dureza, y con el tiempo, comprendí que no estaba lista para ser madre. Así, con el temor de ser rechazada como mujer y como madre, tomé la decisión que cambiaría todo: fui a abortar mi bebé.

El proceso fue un torrente de emociones contradictorias. La angustia y la tristeza se entrelazaban con una inesperada sensación de liberación. Al salir de la clínica, el aire fresco del mundo exterior me llenó de un alivio que no esperaba. Finalmente, era solo yo y Mark, jóvenes enamorados, sin las ataduras que la vida adulta parecía imponer.

Con un ligero temblor en mis manos, llegué a casa. La risa y la emoción de mis padres me envolvieron mientras ellos esperaban que compartiera la noticia que a ellos les parecía el final feliz de mi historia. "Estoy tan feliz por ustedes", decía mi madre, mientras el corazón me latía en un frenesí. Pero en lugar de regocijo, sentí un abismo vacío.

"Ojalá no hubiera ido nunca más", pensé, sintiendo que la verdad que nunca revelaría me consumiría. En ese momento, me di cuenta de que la verdadera batalla no era entre la vida y la muerte, sino entre susurros de un futuro que nunca deseé y los ecos de un presente que aún trataba de comprender.

Me senté en la silla de cuero, intentando encontrar las palabras adecuadas para explicar mi situación al psicólogo. Den, un hombre de mediana edad con una barba bien cuidada, me miró con ojos atentos.

𝐎𝐂𝐄𝐀𝐍 𝐄𝐘𝐄𝐒 | 𝘊𝘪𝘭𝘭𝘪𝘢𝘯 𝘮𝘶𝘳𝘱𝘩𝘺 |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora