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"Ho babysitter Parker"
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EL SOL SE DESLIZABA LENTAMENTE hacia el horizonte, tiñendo la ciudad de Nueva York con tonos cálidos y dorados que parecían bailar sobre los edificios y reflejarse en los ventanales del lujoso apartamento de Tony Stark. Las sombras alargadas comenzaban a cubrir las calles, y el zumbido constante de la ciudad se mezclaba con el murmullo del tráfico y las voces lejanas de los transeúntes. Sin embargo, dentro del apartamento, el ambiente era un contraste total: tranquilo y casi monótono.
Phoebe se retorcía de aburrimiento en el amplio sofá de la sala. Sus piernas colgaban y se balanceaban sin cesar mientras Bela, su pastor australiano, seguía la pelota que Phoebe lanzaba perezosamente una y otra vez. Cada vez que la perrita regresaba con la pelota en la boca, moviendo la cola con entusiasmo, Phoebe suspiraba y lanzaba de nuevo, sintiendo que el tiempo se estiraba como un chicle pegajoso.
La niña miró de reojo a Peter y Ned, que estaban sentados en el otro extremo de la sala, rodeados de libros y apuntes esparcidos por la mesa. Peter sostenía un lápiz entre los dientes mientras pasaba las páginas de un grueso libro de matemáticas, y Ned tenía el ceño fruncido en un gesto de concentración.
—Okay, Ned, una vez más —dijo Peter con un tono de voz firme, tratando de no perder la paciencia—. R-e-c-i-p-r-o-c-o, piensa, Ned, tú puedes.
Ned, que parecía estar a punto de explotar de tanta concentración, levantó la vista y arrugó la nariz. —Mmm... ¿es latín? —preguntó, su tono completamente confundido.
Peter dejó caer el lápiz al oír la respuesta y se frotó la frente, exasperado pero divertido al mismo tiempo. —No, Ned, no es latín. Es matemáticas básicas. Vamos, hombre, hemos pasado por esto antes.
Peter suspiró y sacudió la cabeza, mientras Phoebe, desde el otro lado de la sala, rodaba los ojos con una mezcla de frustración y diversión. Estaba acostumbrada a que Peter se tomara las cosas muy en serio, pero no podía entender cómo algo como estudiar podía ser tan importante cuando había un mundo lleno de cosas emocionantes allá afuera esperando ser descubiertas.
Bela, al notar el desinterés de su dueña, dejó de seguir la pelota y se tumbó en el suelo con un suspiro, apoyando la cabeza sobre sus patas. Phoebe se rascó la cabeza, pensando en qué podía hacer para atraer la atención de sus improvisados cuidadores.
—RECÍPROCO. ¿Cuál es la respuesta? —repitió Peter con paciencia, su tono más cansado que antes.
Phoebe no pudo contenerse más y habló en voz alta, levantando la mano como si estuviera en clase. —¡Yo sé la respuesta! —dijo con confianza, una sonrisa traviesa asomando en sus labios.