Serie: Una noche.
Libro #2
Román tenía clara dos cosas:
La primera; quería jugar fútbol toda la vida y la segunda; Hannah lo volvía loco.
Por otro lado Hannah tenía certeza de algo: nunca caería en los brazos de Román Pierce.
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Prólogo
Dos años antes
El ruido era insoportable, pero era parte del ambiente, los cuerpos se movían pegados entre sí y el calor era algo asfixiante, en conclusión: estaba en la jodida gloria.
Liam, disimuladamente se pegaba más a mi, mientras yo sostenía a Amanda y pegaba más su trasero a mi entrepierna, amaba bailar, para mí hacerlo siempre derivaba a una danza sensual y primitiva; además estar entre esa línea de los dos mundos lo hacía aún más excitante.
¿Cómo había acabado en una fiesta, un martes en plena semana de exámenes? No lo sé, lo único de lo que tenía certeza era que hoy me follaría a Amanda o Liam, quien sabe quizás a los dos, sería una fantasía total poder hacer eso.
Sentí como los labios del rubio me besaban el cuello y a su vez la mirada de Amanda en los dos, al mirar sus ojos estos brillaban en completa aprobación, y una sonrisa gatuna apareció en mis labios, iba a ser una noche muy, pero muy buena.
Había llegado a eso de las nueve de la noche a la casa de los Alfa, —un nombre ridículo a mi parecer, pero eran cosas de fraternidades —y la fiesta estaba bastante avanzada para lo temprano que era, de un momento a otro ya tenía una botella de ron en la mano y las cosas pasaron demasiado rápido. De alguna manera termine en la mitad de la pista improvisada, follando con ropa a Amanda y a Liam.
La verdad la gente estaba acostumbrada a verme en esas andanzas, no me avergonzaba admitir que me gustaba cualquier cosa que se moviera, y si tenían algún problema con eso, pues no era asunto mío, vivo mi vida como me da la gana, y nadie se tiene que meter en ello, y más aún, si no le hago daño a nadie.
—¿Y si subimos a alguna habitación? —Esa fue la voz de la chica entre mis brazos, era justo lo que quería escuchar.
—Si, por favor. —Liam casi rogó mientras apretaba su dureza en mi trasero y me hizo tragar fuerte.
Enserio era lo que llevaba deseando toda la jodida noche y estuve a solo un segundo de aceptar sin rechistar, pero algo en una esquina de la sala llamó mi atención, haciendo que por un segundo me paralizada y tratará de enfocar hacía allí.
«¿Pero qué mierda hace Rose aquí? » pensé al distinguir que efectivamente era ella.
Rose, era mi hermanita pequeña que justo este año se graduaba de la secundaria, y no podía encontrar razón lógica para que estuviera en una fiesta de fraternidad en la mitad del campus de mi universidad.
La verdad no lo pensé mucho aleje a los chicos de mi y estos me miraron con el ceño fruncido, ¡Joder, esa mocosa iba arruinar mi noche!
—¿Qué carajos? —La voz de Amanda se escuchaba apenas sobre la música, allí traté de usar todo mi encanto y sonreí como solo yo sabía hacerlo.
—¿Qué tal si van subiendo los dos y yo les alcanzó? Necesito resolver algo antes —. Ambos me miraron dudosos, pero terminaron asintiendo, para mí eso fue suficiente porque di media vuelta y fui hacia donde estaba mi hermana, la iba a matar.