~Contratiempos~

134 10 0
                                    

   En la mañana nos dimos un último baño en ese pozo al que yo podría llamar "el pozo de la vida"  y partimos de ese pequeño pedazo de paraíso que nos había regalado mas vida. Caminamos y caminamos por bastante rato, hasta que por fín logramos ver al primer animal del bosque, era un ciervo, nos sentimos alegres de encontrar un animal, ¿será que las cosas se tornan de mejor color? Eso pensé y fui un ingenuo al hacerlo, porque ese ciervo al momento de mirarnos nos provocó un gran vacío interno, sentí como la felicidad se desvaneció. El ciervo volteó a vernos, puedo recordar esa imagen, le salía sangre de sus vacíos ojos, si es que a esos huecos negros se les podían llamar ojos, también botaba sangre de su desfigurada mandíbula, sus pezuñas eran mas largas y descuidadas de lo normal, parecían garras que podrían degollarnos fácilmente. El ciervo produjo um gran alarido, un ruido que ningún animal o ser vivo podría hacer, fue algo anormal, totalmente inexplicable y totalmente perturbador, al hacerlo se desvaneció en el aire.

Ariana entró en pánico, empezó a toser sangre, a mi me invadió un inmenso dolor de cabeza, sentí el dolor en mis tímpanos, éstos me empezaron a sangrar, y ambos caímos al piso, prácticamente destrozados por esa presencia, abatidos por ese ruido, escuchando los lamentos de las almas que también han caído por culpa de ese ciervo, esa cosa que no pertenece a éste mundo. No entendía que pasaba, solo sabía que iba a morir, eso parecía, estaba seguro de ello. Ahí recordé mi vida al lado de Ariana, recordé cuando nos conocimos, cuando nos alejamos, cuando volvimos, nuestras peleas, el día que perdimos nuestra virginidad juntos, cuando nos casamos y el resto de nuestras anteriores vivencias juntos. Recordé lo perfecta que era la vida con ella y de alguna forma sentí como ese amor y ganas de vivir con ella y nuestro futuro hijo hicieron que me levantara poco a poco con todo el dolor del mundo. Estábamos muy mareados, creo que ella pensó lo mismo porque sin importar la agonía nos levantamos, el poder del bosque se intensificaba, sentía el peso de varias toneladas sobre mis hombros. Lunáticos lamentos de almas podridas en el odio tomaron posesión de mis pensamientos, e igual no dejé que esto me detuviera. El bosque estaba molesto con nosotros, pero jamás me importó eso así que ella y yo empezamos a movernos por nosotros, por ese bebé en su vientre y por todas las oportunidades que vienen.
Finalmente nos dirigimos a la búsqueda de la salida del infierno...

Aokigahara: El bosque del suicidioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora