Tenía pájaros rojos en la muñeca. Miles, millones, rojos, muy rojos.
Esos pájaros rojos fueron muriendo, uno a uno; algo había cubierto sus ojos, y no veían hacia dónde volavan.
Mucho tiempo duraron los cadáveres de los pájaros en su muñeca.
De repente un día, los fué reviviendo, uno a uno. Y de nuevo, un millón de pájaros rojos, acompañaron sus lágrimas.
