1. Finales y comienzos

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Las vacaciones estaban por terminar, solo faltaba una semana. Nadie quería que eso pasara, a todos nos gustaría descansar un mes más o lo que sea posible, además si nos referimos especialmente a los adolescentes, ellos con tal de no estudiar y seguir disfrutando con amigos cualquier excusa viene bien. La razón por la que no quieren que termine es porque para ellos es la estación más linda y así como el verano termina, con él se van muchos amores, amistades y momentos inolvidables.

Excepto para Luna. Su verano no había sido así porque lo que para algunos es divertido para otros puede ser aburrido, deprimente o asqueroso. Ella no tenía con quien disfrutarlo y aunque cada año piensa que puede ser diferente, la historia parece repetirse verano tras verano. 

Su padre trabajaba como chofer en una empresa de turismo y algunos días de semana le pedía que lo acompañara a los tours que hacían si es que no iba mucha gente, ya que, por ser temporada de vacaciones los colectivos siempre iban llenos. No siempre eran muchos los días que su papá le conseguía un asiento para los viajes, pero los que fueran ella los disfrutaba demasiado porque eran los únicos días que se sentía que sus feos veranos podían ser diferentes. 

Cada vez que se subía en el micro y conseguía el lado de la ventana le encantaba ponerse sus auriculares en el viaje porque sentía que una nueva historia podía escribirse para su vida, a ella le encantaba leer y siempre imaginaba distintas historias. También disfrutaba conocer nuevos lugares con su padre, él viajaba mucho y no tenían muchos momentos juntos. 

Podríamos suponer que para los adolescentes las vacaciones son geniales si la pasas con amigos en fiestas y en la playa. Si nos referimos especialmente a Luna, para ella no era así. Sus vacaciones perfectas eran esos días que a veces tenía y aunque sean algo repetitivos tampoco tenía otra opción. 

No quería que comiencen las clases. Su vida seguirá siendo igual a como se siente cada vez que vuelve de un viaje y baja del colectivo, el libro se cierra y la historia termina. Tendrá que sumarle a su vida aburrida y sin nada que hacer estudio,  despertarse temprano y soportar a cada uno de sus compañeros.

Sin embargo, aún faltaba para el comienzo de las clases y lo poco que le quedaba quería pasarla bien. 

Eran las 3 a.m cuando Luna se durmió. Se había quedado toda la noche charlando y viendo películas con su prima Any. Sabía que tenía que haberse dormido más temprano porque al otro día tenía el casamiento de su tío que vivía en Buenos Aires y quedaba a seis horas de su ciudad. Más no era un evento al que ella quería asistir porque no tenía nada de relación con su familia paterna y jamás habían estado en momentos especiales de su vida. 

No quería ir, pero sus padres insistieron y solo aceptó porque dejaron que Any también fuera, a pesar de que ella es prima por parte de su mamá, Raizel. 

Ninguna de las dos durmieron las ocho necesarias,  ambas sabían las consecuencias que tendría dormirse tarde pero aún así prefirieron fingir demencia por la noche y en la mañana cuando Raizel las despertó para que se preparen para el viaje eso les pesó. 

-¿Por qué tenía que ser al medio día ese feo casamiento?- Pensó Luna disgustada. Tardó demasiado en vestirse, pues eran las siete a.m. y aunque su cuerpo ya se había despertado su mente seguía dormida. 

Si querían llegar a tiempo debían prepararse rápido. A Luna también le disgustaba viajar esas seis horas vestida, en vez de ir cómoda como a ella le gustaba. Pensaba que no lo iba disfrutar mucho pero iba hacer su mayor esfuerzo por los demás. 

-Así te ves hermosa Lulu.- Le dijo su prima al verla con su vestido azul. Era corto, le llegaba hasta las rodillas; tenía un simple encaje en la parte de arriba y en la parte  de abajo tenía una falda en capa. -Pareces una hadita.- Continuó su prima. 

Hasta que te encuentreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora