Día 4: Fetiches

419 33 0
                                    

⚠️CONTENIDO +18 ⚠️

Rubius tomo aire y lo volvió a soltar frente al espejo del baño pensando si salir o hacerse una pequeña cama en la tina con las toallas. No quería ver a su esposo, no luego de la pelea que habían tenido hace dos días antes de su viaje de negocios.

Estaba acostumbrado a pelear con Samuel de vez en cuando, incluso había veces que dormían en cuartos separados luego de gritarse, pero siempre uno de ellos se terminaba deslizando en las sábanas del otro a media noche para pedir perdón. Está última vez no había sido así, y literalmente todo sucedió por algo tan estúpido que incluso ahora que lo recordaba quería golpearse la cabeza contra el lavamanos.

Desde que se habían conocido Rubén sabía de los gustos peculiares de su pareja a la hora de estar en la cama, incluso se prestaba para los juegos que Sam preparaba para él cada vez que podía, llevándolo al punto máximo de placer probando uno de sus nuevos fetiches en su cuerpo. En realidad, no le molestaba, sino que incluso le excitaba ver a su esposo en esa faceta dominante y excitante, usando su cuerpo a su antojo.

Todo estaba bien hasta la noche antes de que Samuel viajará a Valencia por negocios, su esposo se había acostado temprano porque su vuelo salía temprano y había dejado a Rubén jugando con su móvil a su lado. Fue un susto y una sorpresa para el pelinegro que lo despertara a las dos de la mañana, haciéndole una pregunta que lo dejo más confundido de lo que estaba

Y es que en su aburrimiento Rubius había entrado a una página donde le decía que tan probable era que tu marido fuera infiel, despertando a Sam para hacerle unas cuantas preguntas. Medio adormilado, el de ojos amatistas no se negó a responder las preguntas de su pareja, hasta que llegó a una que solo la respondió sin pensar

"- Última pregunta ¿Tendrías un trío?

-Si"

Poco es decir que Rubius casi lo mata al escucharlo, pero en realidad era que Samuel no había escuchado bien y solo quería terminar las tonterías del castaño para volver a dormir, respondiendo lo primero que le había venido a la mente. Luego de eso el castaño se enojó tanto que salió de la habitación y durmió en la de invitados, esperando que su esposo lo buscará en la madrugada, pero eso nunca pasó.

Tal vez eso fue lo que le enojo más cuando se hizo de mañana y Sam entro a la habitación para despedirse, pero este simplemente lo ignoró dándole la espalda, negándose a ese beso de despedida al que estaban acostumbrados cada que él uno se alejaba del otro. El pelinegro no siguió presionando, simplemente puso los ojos en blanco y salió de casa, dejándolo completamente solo.

Los siguientes días no recibió ningún mensaje de Samuel y fue ahí cuando se dio cuenta de lo estúpido que se había visto por literalmente enojarse por una pregunta hipotética que le había hecho a su pareja a las dos de la mañana medio adormilado. Ese tipo de cosas le hacía pensar porque Sam se había enamorado de él hasta convertirlo en su esposo legalmente.

Rubius trato de armar algo para pedirle disculpas, incluso la idea de esperarlo desnudo en la cama se le pasó por la cabeza, pero todo se fue al caño cuando Samuel apareció esa misma mañana en la puerta de la casa, con una expresión seria, sin pizca de algún sentimiento como enojo, sorpresa o algo. Eso solo significaba dos cosas, tenía planeado hacerlo sufrir hasta rogar por su perdón o tenía un gran castigo preparado para su dulce y pobre cuerpo que lo dejaría sin caminar por dos semanas...ninguna de las dos le gustaba.

Se sentó en la tapa del inodoro, mirando la puerta por largos segundos pensando en que podría hacer para que Samuel se apiadará de él, pero nada se le ocurría. Su esposo era muy resentido y cuando algo se le metía a la cabeza no había forma de hacerlo cambiar de opinión.

Rubegetta Week 2022Donde viven las historias. Descúbrelo ahora