¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
La oscuridad era iluminada poco a poco por una intensa luz ante mis ojos, faltaba acostumbrarme a ella, y evitar marearme también por lo borroso que veía. Rápidamente me senté en la cama al sentir una mano sobre mi pierna.
— Ey, no te levantes así, te marearás— dijo Do Hyun levantándose y acercándose a mí, colocó una mano en mi espalda y con delicadeza me volvió a recostar en la cama.
Yo lo miraba con asombro, no entendía que estaba ocurriendo, tampoco sabía dónde estaba. Rápidamente eché un vistazo de donde me encontraba; habitación blanca, aparatos de una habitación de hospital y estaba acostada sobre una camilla.
— La enfermera dijo que puede que al despertar te sentirías aturdida y desorientada.
Volví a mirarlo, estaba cerca de mí, muy cerca. Tan agradable pero sofocante a la vez; coloqué una mano en su pecho y lo alejé sutilmente.
— ¿Qué ocurrió...?— mi voz era débil.
— Te desmayaste... Ten, bebe de esto...— me ayudó a beber un poco de té.
— Te pregunté algo...— dije para apartar mi cara de la taza — Respóndeme...— mi tono de voz no fue muy amigable que digamos.
— Te desmayaste ya que Young estaba horcajadas sobre ti, asfixiandote...— bajó la taza y agachó la cabeza, parecía un niño siendo regañado, también noté apagada su voz.
Y recordé, Young encima de mí, parecía una loca gritando por mi casa; llamando a mi padre un idiota, un infeliz. No puedo estar más de acuerdo con ella.
Y no solo eso, también soltando la última gota de agua que rebozó el vaso: cómplice de la muerte de mi madre.
Su madre y mi padre en un amorío secreto, una aventura que desgarraba con crueldad una familia, no, dos familias. Llevando así la culpa y el odio hacia ambas.
No tenía porqué pagar por las acciones de mi padre de su pasado, ¿Young, por qué yo?
— Se acabó mi tiempo de visita...— Do Hyun me sacó de mis ensimismamientos — Si algo no anda bien, llámame, estaré afuera — vi como su mano se acercaba a mi rostro pero volteé la cara, mirando hacia la puerta.
Hubo un silencio incómodo, escuché un pesado suspiro y un débil "Te veo luego".
No quería verlo salir, así que mire hacia el techo, escuchando como abrían y cerraban la puerta. Al estar completamente sola, la tristeza y la rabia se apoderó de mi pecho, extendiéndose por todo mi cuerpo. Las lágrimas amenazaban por salir.
Escuché nuevamente la puerta abrirse y rápidamente me sequé las lágrimas que me habían hecho obligar sacar, suspiré y miré de quien se trataba.
Mal, todo mal. Ya no quería verlo, verlo me abría una nueva herida en el pecho, en mis recuerdos.