—No Calle, como crees— dijo Poché apenada — no te quiero molestar a ti o a tu familia. Estaré bien en el hotel por ahora, en serio no te preocupes.
—Poché, ya te dije que no acepto un no como respuesta — dijo la mayor con seguridad —mis hijos ya no viven conmigo, ambos están estudiando en el extranjero y mi esposo casi nunca esta en casa, así que la única que se va a molestar voy a ser yo si no aceptas mi invitación — dijo mientras alzaba una ceja en su dirección.
—Ay... no se Calle, en serio me da pena contigo — "Y te acabo de conocer y ya quiero verte sin ropa". Definitivamente aquello no era conveniente.
—Nada de pena señorita. Solo será mientras buscas un departamento con calma y sin ningún apuro. ¿Qué te parece? además así me harías compañía por un tiempo — Calle le sonrió — ¿Qué dices? será como un ganar, ganar.
La mayor la miraba fijamente esperando su respuesta, en serio deseaba que ella aceptara por alguna razón que todavía no lograba describir. Poché sonrió, no podía negarle nada a esos ojos que la miraban con tanta seguridad y al mismo tiempo con algo de esperanza.
—Está bien, tu ganas — sonrió — me iré por un tiempo a tu casa.
—¡Genial! sabía que ibas a terminar aceptando.
Después de aquel agradable almuerzo, ambas regresaron a la universidad donde tuvieron un largo día preparándose para el inicios de clases. Una vez ya listas y terminando el horario laboral, ambas salieron directo al hotel de Poché donde buscó sus cosas para después irse junto a Calle a casa de esta ultima.
Al llegar, Poché se quedó impresionada al ver la casa enorme y bellísima de la mayor, que, aunque ella vivía muy cómodamente en su antiguo hogar, nunca había sido amante de lo ostentoso ya que no quería perderse así misma con el echo de la fama que tenía por sus pinturas, y terminar perdiéndose así misma en ese mundo. Y la casa de Calle definitivamente era bastante grande, lujosa y muy acogedora. Perfecta para una familia, cosa que la llevo a notar rápidamente el gran silencio que se encontraba en ese lugar donde solo se escuchaba el sonido de los tacones de la mayor.
—Tu casa es muy hermosa Calle — dijo Poché — entonces, ¿solo viven aquí tu y tu esposo?
—Gracias — echó una mirada a su hogar — y si, solo vivimos nosotros dos — suspiró con algo de tristeza — vienen unas muchachas hacer la limpieza un par de días a la semana, pero no viven aquí —explicó ganándose un asentimiento de la otra mujer — ven, deja y te muestro cual será tu habitación — le señaló que la siguiera y así ambas subieron las escaleras hasta el segundo piso y entraron a una habitación que quedaba al final del pasillo —¿Qué te parece?
—Es muy linda — dijo después de darle una ojeada a la habitación— gracias por hacer todo esto por mi Calle, eres una mujer muy generosa — dijo agradecida mientras le regalaba una sonrisa — además de ser mi jefa siento que ya eres una amiga.
—No tienes nada que agradecerme Poche — negó la mayor — me encantaría que seamos amigas, me caíste muy bien desde que te conocí — dijo para después guiñarle un ojo, definitivamente ese primer encuentro no iba a olvidarlo tan fácilmente.
—Ya no me recuerdes eso, nunca pensé que fuera a conocer a mi jefa de esa forma — dijo para después soltar una carcajada.
—Es que todavía no lo supero — dijo contagiándose de su risa —bueno, te dejo para que te instales y puedas descansar un rato — dijo una vez ya se había calmado sus risas —mi recamara es la que se encuentra aquí al lado por si necesitas cualquier cosa.
—Esta bien, cualquier cosa te diré.
Una vez Calle se retiró, Poche se dejó caer en la cama cubriendo su rostro con ambas manos.
"Ay Poché, ¿en que te metiste? —suspiró ante sus pensamientos— no se que voy hacer ahora y esa mujer me vuelve loca en cada momento".
Se levantó y empezó acomodar las cosas en el closet para así no pensar tanto en la mujer que se encontraba en la otra habitación y poder distraer a su mente. Una vez terminó decidió que lo mejor era tomar una ducha para así poder relajarse.
En la recamara de al lado se encontraba Calle quien a penas entró en su habitación, se deshizo de sus tacones altos y se puso ropa cómoda, ató su hermoso cabello en una coleta alta y se acostó en su cama para tomar su celular y poder llamar a su esposo.
—Hola Calle.
—Hola Alex —respondió al saludo — ¿a que hora llegas hoy? ¿ya saliste de la oficina? tengo algo que contarte y esperaba que llegaras a casa.
—Lo siento Calle, no se a que hora llegue. Tengo una cena con unos clientes más tarde y ya sabes como son estas cosas que toman tiempo — explicó vagamente — ¿Qué sucede?
—Si, ya se como son — dijo Calle exasperada, odiaba su matrimonio y el echo de que aquel hombre a quien un día amó no le dedicara ni un poco de tiempo — dudo mucho que regreses esta noche, ya me se de memoria todas tus excusas y ya siendo honesta no me importa en lo absoluto Alexander. Solo quería avisarte que tenemos una invitada en la casa que se quedara por un tiempo. Adiós.
Colgó la llamada sin esperar ninguna respuesta y tiró el celular a un lado con enojo. Se volteó a su lado de la cama y abrazó una almohada como si esta pusiera salvarla de la soledad en la que estaba rodeada sin poder contener el llanto. Se sentía tan sola en ese momento; sus hijos viviendo sus vidas en otro país y un marido que no encontraba ni el más mínimo interés en ella.
"Ya estoy cansada — pensó con el corazón roto — ya no más Alexander, necesito encontrar mi felicidad".
Después de tantos años intentando hacer que su matrimonio funcione, Calle ya había llegado a su límite. Cada vez lograba desilusionarse más y Alexander no hacía ni el más mínimo esfuerzo por intentar arreglar las cosas, siempre era ella la que se esforzaba. Ni siquiera recuerda con claridad el tiempo donde en algún momento fue feliz a su lado sin tener a sus hijos de por medio.
Su celular sonó sacándola de de sus pensamientos y secando sus lágrimas leyó el mensaje.
—Calle... me metí a darme una ducha y no me di cuenta de que no habían toallas... ¿me podrías traer una? por favor.
—¡Ay no puede ser! — exclamó riéndose — ¿Qué voy hacer con esta niña? —Con las toallas en mano , tocó la puerta y entró a la habitación de Poché — Poché, aquí están las toallas.
—Ah... cierra tus ojos ¿ok?
—Ok, ya están cerrados — aseguró Calle tratando de no reírse.
Poché salió del baño y tomó las toallas de las manos de Calle para después darse la vuelta. En eso, la mayor abrió sus ojos alcanzando a ver a la menor desnuda de espaldas a ella antes de que pudiera cubrirse con la toalla. Calle se giró rápidamente a la puerta sintiendo como un sonrojo subía a su rostro.
—Eh.. Poche, estaré en la cocina preparando la cena, con permiso — dijo saliendo rápidamente de la habitación.
Después de vestirse y secarse el cabello, Poché bajó a la cocina y encontró a Calle picando las verduras para alguna ensalada, supuso.
—¿Te puedo ayudar?
—Si claro —sonrió Calle — puedes encargarte de la pasta, ya casi sale.
Entre las dos terminaron de preparar la cena, y mientras comían platicaban sobre el trabajo, sus vidas, intereses, etc. Fue una velada amena donde descubrieron lo bien que se llevaban y que tenían muchas cosas en común, como el amor por el arte. Calle no podía dejar de ver a Poché ya que recordaba la imagen de hacia un rato y sentía los colores subir a su rostro.
"Deja de pensar en eso. ¿Qué te sucede? es una mujer" —pensaba la mayor soltando un suspiro.
Pero, aunque tratara de evitarlo, desde ese día Calle comenzaría a ver a Poché con diferentes ojos. Porque el amor, aunque uno se resista todo lo que quiera, a veces llega a nuestra vida de la forma más inesperada.
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Con un poco más de inspiración escribí este capítulo. Espero les guste.
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𝘛𝘰𝘳𝘣𝘦𝘭𝘭𝘪𝘯𝘰 𝘥𝘦 𝘢𝘮𝘰𝘳 [Caché]
Roman d'amour_"Daniela Calle es una hermosa mujer madura, conservadora y muy elegante. Sencillamente una mujer irresistible a los ojos de cualquiera; simplemente perfecta. Desde hace años que vive en un matrimonio desdichado y sin amor, unidos solo por la rutina...