Alay es una chica de belleza deslumbrante que desafía las normas establecidas. Harta de la hipocresía que la rodea, decide enfrentarse al mundo con determinación y coraje. Su objetivo: romper las máscaras que todos llevan y dejar su nombre grabado...
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Alex estaba allí, de pie junto a una de las paredes, tratando de ignorar su creciente incomodidad. Nunca había sido fanático de las fiestas, pero Luis insistió en que asistiera, diciendo que necesitaba distraerse.
Sacó su teléfono para comprobar la hora, esperando que ya fuera lo suficientemente tarde como para marcharse sin parecer descortés. Fue entonces cuando lo vio.
Número desconocido: "Has sido seleccionado para iniciar este nuevo juego. Tu identidad como participante 53 ha sido registrada. Las reglas del juego serán enviadas en un instante."
Alex frunció el ceño, su pulso acelerándose. ¿Qué era esto? ¿Una broma? Intentó eliminar el mensaje, pero el teléfono no le respondió. Un sudor frío comenzó a recorrerle la espalda, y antes de que pudiera procesar lo que estaba pasando, llegó otra notificación.
Las reglas del juego son las siguientes:
Una vez dentro, no puedes salir.Cada vez que pierdas, un secreto tuyo será revelado.Solo puedes escoger a una persona de confianza para que te ayude en este juego.Tienes cinco oportunidades para salvarte.Cada oportunidad significa que deberás eliminar a alguien.
Alex sintió que su estómago se revolvía al leer la última línea.
El mundo está lleno de injusticias, Alex, y la que tú cometiste es solo una de ellas. Bienvenido.
El corazón de Alex se detuvo. Su respiración se volvió errática mientras leía las palabras una y otra vez. Un zumbido en sus oídos parecía amplificar el caos a su alrededor, pero lo único que podía escuchar era la repetición de esas palabras en su mente.
Un secreto tuyo será revelado.
Su primer pensamiento fue que alguien estaba jugando con él, pero había algo en el tono del mensaje que lo hacía sentir diferente. Intencional. Personal. Levantó la mirada y barrió la habitación con los ojos, buscando a alguien que pudiera estar observándolo, esperando su reacción.
Entonces lo vio. Luis.
Luis estaba en el centro del grupo de jugadores de fútbol, como siempre, liderando un improvisado juego de chupitos. Las risas de sus amigos eran estruendosas, y las latas de cerveza vacías comenzaban a acumularse a sus pies. Alex tragó saliva. Tenía que hablar con él, y tenía que ser ahora.
Cruzó la sala a grandes zancadas, esquivando parejas y grupos de personas que se movían al ritmo de la música. Cuando llegó al círculo, tocó a Luis en el hombro.
—Luis, necesito hablar contigo. Ahora.
Luis lo miró con una mezcla de sorpresa y curiosidad. —¿Qué pasa? Estoy ganando, hombre.
—Es importante —insistió Alex, con una urgencia que borró cualquier rastro de diversión en la cara de su amigo.
Luis suspiró, levantó las manos como si se rindiera y les hizo un gesto a sus amigos. —Vuelvo en un momento. Guarden mi lugar.