Alay es una chica de belleza deslumbrante que desafía las normas establecidas. Harta de la hipocresía que la rodea, decide enfrentarse al mundo con determinación y coraje. Su objetivo: romper las máscaras que todos llevan y dejar su nombre grabado...
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Marylen, aquella alma que camina por la delgada línea que separa el caos del orden, se encontraba en la sala de espera, esperando, como todos los que se encuentran atrapados entre la incertidumbre y la verdad que se les esconde detrás de una puerta cerrada. Sus dedos tocaban el sofá con una impaciencia silenciosa, un repiqueteo que resonaba en los vacíos de su mente, buscando respuestas que, aún al ser llamadas, no llegaban. Su mente se aferraba al recuerdo de la secretaría, esa figura que había irrumpido en su aula, como si el destino hubiera ordenado que la buscara como a una delincuente. ¿Qué delito había cometido? No había transgredido ninguna regla, no había cruzado ninguna línea marcada por la universidad... al menos, no de una forma que pudiera entender. ¿Por qué la necesidad de esta caza? Su mente era una tormenta sin respuesta.
—Señorita Marylen, puede pasar. El rector la espera— dijo la secretaria con una voz tan vacía como las miradas que encontraba en las paredes de Nébula.
Un suspiro pesado salió de sus labios. Se levantó, el eco de sus pasos era el preludio de algo que aún no entendía. Su mano tocó la puerta del rector, el sonido de la palabra "pase" le abrió un portal a un espacio que no deseaba explorar, pero que se veía obligado a atravesar.
—Tome asiento, Marylen.
Y así, sus pies la condujeron a una silla, una de esas sillas que, por extraño que pareciera, tenían algo que la hacía pensar en su hogar... algo más cómodo que cualquier lugar que alguna vez hubiera conocido. Dios, estas sillas son mejores que las de mi casa, pensó, como si ese pequeño consuelo pudiera calmar la tormenta de sus pensamientos.
—Señorita Dawson, lamento mucho las molestias por interrumpirla en su clase.
Pero Marylen no le dio mayor importancia. No quería escuchar sus disculpas vacías. Se inclinó ligeramente hacia adelante, sus ojos recorriendo la habitación y posándose en los diplomas, aquellos que colgaban en la pared como medallas de un sistema que valoraba solo los logros y no las batallas internas. La figura del rector era una sombra en comparación con aquellos trofeos. De tez blanca, de cabellera caída por los años, de ojos marrones que hablaban más de los años que de la sabiduría. Vestía una camiseta de cuadros, la imagen de un hombre que pretendía parecer más accesible de lo que realmente era. Todo era una farsa bien montada.
—Uno de los del equipo de fútbol necesita un promedio alto para poder representar a la universidad en el próximo campeonato.
Marylen escuchaba, pero en su mente todo se desvanecía. Su mente no quería procesar, pero sus oídos, como siempre, no podían escapar a lo que la realidad le ofrecía. Asintió sin comprender del todo, incapaz de encontrar el sentido de todo aquello.
—Para nadie es un secreto que usted necesita un sobresaliente en el área de ciencia política, y faltan tan solo un mes para que el semestre culmine. Si usted me ayuda, le daré puntos extras para que pase este semestre sin problema.