01, de vuelta al pasado

329 26 3
                                        

“ Hoy el tiempo no perdona
y el ambiente es raro
pero solo esa persona
me dió su mano ... ”

IG | @maiidemichelis_

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

IG | @maiidemichelis_

08/08/2023
Brasil, 8:30 P.M

El arquero titular fue el primero en entrar al vehículo. Tenía mala cara. Anteriormente, lágrimas de bronca e impotencia habían salido cuando estaba dentro de los vestidores, por lo tanto, sus ojos estaban teñidos de un color rojo notorio, pero no tanto como para preocuparse por su salud. Estaba bien, o eso suponían... había salido con un leve dolor de rodilla luego del séptimo penal; había caído mal, haciendo que aquel músculo se contrajera por reflejo, y el dolor se hizo más notorio cuando debió salir del arco, cojeando. Lux ya había hablado con él, pero sabían que no iba a hacer caso. Temía lesionarse peor, qué decir, todos tenían que se lesione peor de lo que ya estaba, pero tal vez fue solo un golpe, con reposo y las pequeñas vacaciones que les darían, iba a mejorar.

Robert rojas siquiera saludó al conductor. Él era uno de los más alegres del plantel, siempre trataba de estar feliz a pesar de tener malas pasadas en la cancha a veces. Sabía que Martín estaba enojado con él, y daría una charla cuando los entrenamientos vuelvan al ruedo. Se sentía culpable. El peso cayó sobre él cuando debía patear el penal, pero se le fue de las manos, y el travesaño arruinó su alegría.

Todos veían. Eran mayores de edad, no podían estar mal toda la vida, pero era diferente. Era diferente lo que se demostraba dentro de la cancha y lo que se veía dentro del vestuario, en el micro que llevaba sus lágrimas siendo borradas por el ruido de la lluvia golpeando el techo.

Pablo buscaba con la mirada un asiento libre, aunque terminó con la desicion de irse hacia el fondo. No había nadie allí, podría estar tranquilo en todo el transcurso hacia el aeropuerto, luego, Argentina, a su país nuevamente.

Estaba desepcionado de si mismo. Quería volver a Argentina siendo recibido por todos los hinchas con los brazos abiertos. Luego del primer partido, el apoyo que había tenido por parte de la gente era incondicional, pero con lo que había hecho esa noche, todo caería.

Las lágrimas comenzaron a surgir al revivir ese recuerdo. Había vivido el infierno en la cancha, y ver al ex river festejar el gol que había hecho en el minuto 70', por ese gol, había perdido toda esperanza. No había cumplido la ley del ex. Había visto jugar a Mercado varias veces, pero lo último que llegó a imaginarse, era verlo festejar un gol en frente suyo. La risa frenética del mayor, cómo se abrazaba con sus compañeros... sintió un vacío en el pecho. Volvía a su niñez, cuando estaba sentado a un lado de su viejo, quien tenía el mate en la mano, viendo concentrado el televisor. Aquel súper clásico que Ramiro Funes Mori había abierto el marcador con un gol de cabeza. Quería volver a ser un nene.



Estaba todo oscuro, y los jugadores comenzaban a dejarse caer poco a poco a los brazos de Morfeo, al igual que su director técnico.

Maia se levantó de su asiento con cuidado, pero un paso en falso hizo que tropiese, teniendo que tomar de punto de apoyo el hombro de su padre, haciendo que despierte exaltado.

— ¿Qué pasó? — su voz dormida la hizo sentir algo culpable — ¿Vas al baño?

— Sí pa, perdón que te desperté...

— Está bien amor, andá. — le regaló una última sonrisa antes de volver a acomodarse así descansar.

La rubia suspiró, encaminandose al fondo del micro, buscando con la mirada ese flequillo característico.



Pablo rápidamente bajó las mangas de su buzo, secando los rastros de lágrimas que habían quedado sobre sus cachetes semi colorados de bronca. Levantó un poco su cabeza, topandose con la figura de la rubia que se sentaba a un lado suyo. Cuando se percató que la miraba, sonrió de forma cálida, dándole cierta seguridad al treinta y seis.

— ¿Qué pasó? ¿Por qué estás acá? — una leve risa escapó de ella — ¿De qué te reís?

— Por qué te pones tan a la defensiva, dios... — tomó su propia frente entre sus dedos, riendo nuevamente.

— Ah, creí que me ibas a... a decir algo, que se yo, capaz te había mandado tu viejo.

— Bueee — rodó los ojos ,— Soy nena de papi, pero tampoco me mates así.

Pablo soltó una risita nasal, volviendo a acurrucarse contra la ventana del colectivo.

— Vení. — murmuró la rubia, esperando a que el mayor tenga una reacción positiva, pero solo la miró de reojo, arqueando una ceja — Da, no te hagas ahora, bien que en la cancha te dejaste abrazar...

Solari rodó los ojos, brindándole una pequeña sonrisita vergonzosa. No le gustaba admitir que le encantaba el contacto físico, pero si era de una desconocida... era raro.

Sus brazos rodearon la cintura de la menor, mientras que esta lo abrazaba por los hombros, haciendo que pueda descansar su cabeza en su hombro. Cerró los ojos un par de segundos. Se sentía cómodo, no quería moverse, pero tenía que.

— No te eches más la culpa...

Aquellas palabras habían quedado resonando en la cabeza del chico, quien se quedó completamente estático, dejándose abrazar. Cerró sus ojos con fuerza, tratando de borrar aquel momento que tan mal lo había dejado. Quería volver a su casa y hacer cualquier cosa que borre esa noche, quiere volver al pasado, matarse entrenando para hacer las cosas mejor.

Poco a poco, su mente se apagaba, dejando de lado los pensamientos que lo atormentaban, y dejando pasar el sueño, que a los pocos segundos, lo dejó completamente inconsciente. Ahora sí, por fin, todos estaban dormidos, excluyendo a la rubia que se encontraba a un lado del treinta y seis


mai, pablo solariDonde viven las historias. Descúbrelo ahora