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"Me has dicho que tu hogar estaba detrás de esta colina. Me has dicho que allí vivías. Si cruzo hacia el otro lado estoy seguro que puedo encontrarte. ¿Dónde estás mi Bultaoreune?¿ Dónde estás mi Suga? Ya he perdido las esperanzas para esta vida. Ya no tengo esperanzas. Sólo tú eres mi esperanza.¿ Dónde estás Bultaoreune?", Ho Seok repetía en su mente estas palabras, como si fueran una plegaria mientras con una mano se aferraba a la medalla de dragón y con la otra arañaba las paredes rocosas de la ladera tratando de no mirar hacia abajo.

Le aterraba mirar hacia el mar. Una caída desde allí acabaría con cualquiera. Los pies descalzos se les resbalaban en la tierra mojada y le sangraban; la lluvia lo había empapado, el viento amenazaba con tirarlo hacia el precipicio, hacia aquellas rocas en punta que parecían estar esperándolo.

Ho Seok respiraba agitado y seguía llamándolo en su mente. A pesar del viento y la lluvia intensa logró escuchar unas voces detrás suyo y al darse vuelta alcanzó a vislumbrar en la semi penumbra del día oscuro, que un grupo de personas con inconfundibles chalecos de rescatistas avanzaban hacia él tomando el camino de la ladera y a la cabeza con un gesto adusto, serio, enojado estaba su padre.

Ho Seok se escondió en una de las pequeñas cuevas y aferró con sus dos manos la medalla.

— Por favor Suga, por piedad,  eres mi única esperanza...— rezó en voz baja. Cerró los ojos y comenzó a llorar amargamente.

—¿ Por qué lloras mi dulce niño?

Ho Seok abrió los ojos. En la penumbra de aquella pequeña cueva unos ojos brillantes y una sonrisa esplendorosa acababan de aparecer a su lado.

—¿Estás aquí? ¿ Eres tú? ¿O me acabo de caer al precipicio y acabo de morir y sólo te estoy imaginando, con lo poco que le queda de energía a mi espíritu, como una última visión de lo que puede haber en el Cielo antes de descender al Infierno?

—¿Por qué un ángel como tú iría al Infierno?

— Por amar...por amar equivocadamente.

—¡Nunca se ama equivocadamente! Y ya deja de llorar. Estoy aquí contigo. No sé cómo lo has hecho. Nunca había sucedido. Nosotros sólo tenemos poder para vivir efímeros una vez al año pero aquí estoy, me has llamado y te he oído. Estoy aquí contigo y si me aceptas estaré contigo por toda la eternidad.

Ho Seok lloraba en silencio. Se dejó abrazar por un Suga visiblemente conmovido. Intentó hablar pero las palabras no le salían.

— Voy a tomar ese silencio como un sí...— dijo Suga.

Ho Seok asintió enérgicamente mientras le sonreía entre lágrimas.

— Este medallón ha hecho su trabajo: romper las reglas valió la pena. Un Bultaoreune jamás deja rastro tras de sí pero yo lo he hecho y ha servido. Gracias a este medallón te escuché, gracias a este medallón te reencontré...

Unas voces cercanas llamándolo a los gritos hicieron que Ho Seok comenzara a temblar.

—No quiero volver..., no quiero volver con ellos. No tengo vida con ellos. Y así la tuviera. No sería vida si tú no estás en ella...

— Tranquilo. Te llevaré conmigo... Pero antes hay algo que debemos hacer. Jung Ho Seok debe morir ...

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