Naruto y su Inesperado Matrimonio

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Naruto abrió los ojos lentamente, sintiendo un dolor agudo en la vista. La luz de la habitación lo cegó momentáneamente.

"Déjame ayudarte, Naruto-sama", susurró una voz suave a su lado.

El Uzumaki se incorporó con cuidado, confundido. "¿Dónde estoy?", preguntó, tratando de orientarse en el espacio desconocido.

El sacerdote que estaba junto a él parecía afligido. "Estás en el templo de la diosa Amaterasu... o al menos, eso me gustaría decir. Hace mucho tiempo que este lugar dejó de ser sagrado para ella", dijo, su mirada perdida en un recuerdo lejano.

Las paredes del templo estaban cubiertas de polvo y las antiguas ofrendas y altares yacían abandonados. Naruto sintió una extraña melancolía en el aire, como si el tiempo hubiera dejado su huella en cada piedra y viga.

"¿Por qué? ¿Qué sucedió aquí?", preguntó Naruto, su curiosidad despertando.

El sacerdote suspiró, su voz cargada de nostalgia. "Los tiempos cambian, Naruto-sama. La gente olvidó a Amaterasu, y poco a poco, el culto se desvaneció. Las guerras, las luchas de poder... todo contribuyó a que este lugar perdiera su esplendor. Ahora, solo quedamos unos pocos guardianes, tratando de preservar lo que queda de su legado".

Naruto asintió con empatía. "Es una pena", murmuró. El peso de la historia y la decadencia del templo se reflejaban en sus ojos.

El sacerdote le sonrió, agradecido por la compasión del joven. "Gracias por tu empatía, Naruto-sama. A pesar de ser un dios muy poderoso, no eres indiferente con nosotros, los mortales".

Naruto frunció el ceño. "¿Un dios, dices? Supongo que para ellos soy eso", reflexionó con tristeza. Para muchos, convertirse en un ser divino sería un sueño hecho realidad, pero para él, esa condición significaba una maldición. Vería a sus seres queridos envejecer y finalmente morir, mientras él permanecía inmutable, atrapado en su inmortalidad. Era como si el destino le hubiera otorgado el don de la soledad eterna, y eso pesaba sobre sus hombros como una losa.

"Bueno, dejemos las historias tristes para otro momento, Naruto-sama", comenzó el sacerdote. "Mejor voy a llamar a su esposa. Debe estar ansiosa por saber si ya despertó".

"E-esposa", balbuceó Naruto, señalándose a sí mismo con un dedo. La confusión se reflejaba en sus ojos azules.

El sacerdote observó a Naruto con una mezcla de ansiedad y esperanza. Había cometido un error monumental al unir a dos personas sin su consentimiento, y ahora debía enfrentar las consecuencias.

"Sí, su esposa", confirmó el sacerdote con una sonrisa nerviosa.

Naruto estalló en risas histéricas. "Esto es una broma, ¿verdad? Yo no conozco a nadie de este mundo. ¿Cómo me voy a casar?"

El sacerdote suspiró y comenzó a relatar la historia completa. Yasaka, la hermosa mujer que había estado ayudando a Naruto, resultaba ser su esposa por un error del sacerdote. Naruto procesó la información, su cerebro fusionando la incredulidad con la sorpresa.

"Yasaka-sama. Ella también desconocía esta situación. Solo quería salvarlo".

"¿Casado? ¿Yo? Con Yasaka de todas las personas", murmuró Naruto. No podía evitar sonreír ante la idea. "No me quejo. Apenas la conozco, pero es una mujer muy hermosa".

(Con la cara roja y una sonrisa pícara, Naruto se desmayó. El sacerdote lo miró, preguntándose cómo explicaría esto a Yasaka. Al menos, había logrado unir a dos almas de manera inesperada. Quizás el destino tenía sus propios planes para Naruto Uzumaki y su nueva esposa.)

Cuando Naruto despertó por segunda vez ese día, se encontró con una escena que desafió toda lógica y razón. El sacerdote no estaba solo a su lado; ahora, una hermosa mujer zorro de nueve colas ocupaba el espacio junto a él. Yasaka, la dichosa nueva esposa de Naruto.

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⏰ Última actualización: Mar 02, 2024 ⏰

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