Saitama miró a Tatsumaki con una expresión serena y, con un toque de confianza.
"Bueno, empecemos con esta cita".
La sorpresa cruzó el rostro de Tatsumaki ante la respuesta tan directa y decidida de Saitama.
"¿Eh? ¿Justo ahora mismo?", preguntó, todavía procesando la rapidez con la que la situación estaba tomando forma.
"Sí", respondió Saitama sin titubear, como si la espontaneidad fuera algo natural para él.
Tatsumaki, con una ceja arqueada, se quedó observando a Saitama mientras él asumía la situación con una serenidad que la desconcertaba. A pesar de sus reglas estrictas y su actitud reservada, la idea de empezar la cita de inmediato parecía intrigante y, de alguna manera, refrescante.
"Está bien, entonces", dijo Tatsumaki, resignándose a la inesperada espontaneidad de la situación.
Sin más preámbulos, Saitama guió la dirección de su vuelo hacia algún lugar de la ciudad, llevando a Tatsumaki a una cita que había comenzado de una manera que ninguno de los dos podría haber anticipado. La noche, que había comenzado como una carrera y se había convertido en una propuesta de cita única, continuaba llevando a estos dos héroes en una dirección inusual e impredecible.
Tatsumaki y Saitama entraron en un modesto local de comida. La esper, al ver la decoración simple y poco lujosa, estuvo a punto de dar media vuelta y buscar un lugar más acorde con sus expectativas. Sin embargo, algo en el olor hipnotizante del lugar la detuvo. El aroma de las especias y sabores en el aire capturó su atención de una manera inesperada, haciendo que reconsiderara su decisión.
A regañadientes, Tatsumaki aceptó quedarse y ambos héroes se sentaron en una mesa. La mirada escéptica de Tatsumaki recorría el lugar, pero el olor tentador del lugar comenzaba a seducirla. Mientras esperaban a que llegara el chef con sus platos, la esper se impacientaba.
Sin querer llamar la atención, Tatsumaki observó a su alrededor y notó a un niño con una gorra. Con un movimiento rápido y preciso, la robo y la colocó disimuladamente en su propia cabeza. Al menos, pensó, así podría mantener un poco más bajo perfil.
Como si no fuera una súper heroína con cabello verde de 1.50 con vestido negro de un diseño en extremo reconocible.
Saitama, observando la situación, no pudo evitar sonreír ante la ocurrencia de Tatsumaki, casi dijo algo, pero la esper lanzo un billete de dos mil yenes y lo hizo flotar hasta el bolsillo del niño.
Finalmente, el chef llegó con sus platos, interrumpiendo el momento de travesura de Tatsumaki. Mientras la noche avanzaba y los dos héroes compartían una cena en un lugar inusual, la cita tomaba un giro imprevisto, llenándose de sabores y sorpresas.
Tatsumaki tomó los palillos con destreza y abrió el envoltorio de su comida, preparándose para empezar a comer. Mientras se concentraba en el acto mecánico, rompió el silencio de la cena con una pregunta directa.
"Entonces... ¿eres fuerte?", preguntó Tatsumaki, mirando a Saitama con curiosidad.
Saitama, sin dejar de sonreír, respondió con una honestidad casual: "Supongo que sí. Entrené mucho y ahora los monstruos son bastante aburridos".
Tatsumaki, mientras daba un bocado a su comida, asintió con cierta complicidad. "Supongo que puedo empatizar con eso. No recuerdo mi última pelea entretenida. Todo se ha vuelto tan predecible últimamente", admitió con cierta nostalgia por los desafíos que una vez le proporcionaron emoción y adrenalina.
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Dos Mitades
RomancePor una tonta razón, Saitama busco a cierta esper de mal genio porque recordó un consejo que le dio su padre cuando era niño. "Hijo, si quieres una vida compleja, imprevisible y nunca estar aburrido, ¡búscate una mujer con carácter fuerte y notarás...