La muerte es cruel, injusta y malvada, un ser que carece de corazón. Quizás sea verdad, quizás sea mentira, nadie lo sabe porque nadie la ha presenciado en persona y ha vivido para contarlo.
Sin embargo, la verdad es que la muerte se preocupa por al...
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Hoy es un nuevo día. Ayer, apenas llegué, el sueño me venció y me quedé dormido, pero hoy estoy terminando de desempacar la ropa en mi nuevo cuarto. Son las 9 de la mañana, y aunque el sol ya está alto, el ambiente en mi habitación es cálido y acogedor. Me siento emocionado mientras coloco mis camisas en el gran armario de madera oscura, cuyo acabado brillante refleja tenuemente la luz que entra por las ventanas. Las paredes del cuarto son de un azul oscuro casi violeta, como el cielo profundo de una noche estrellada, y están adornadas con miles de constelaciones y planetas de todos los colores, pintados con un brillo tenue que parece resplandecer en la penumbra. Según mi Hal-abeoji y mi Nainai, este cuarto fue decorado por mis padres, y la verdad es que es un lugar donde puedo perderme mirando las estrellas.
Las cortinas son de un tejido ligero y translúcido, en tonos plateados y azules, que ondean suavemente con la brisa matutina. En una esquina, hay un sillón acogedor de terciopelo gris oscuro, acompañado de una lámpara de pie con una pantalla que imita la forma de un planeta. Es el rincón perfecto para leer o simplemente contemplar las estrellas en las paredes.
Levanto la vista y observo las grandes ventanas que permiten una vista maravillosa del jardín y el estanque iluminado por la luz del sol. En el estanque, flotan elegantemente unas flores de pétalos rosas y blancos, que contrastan con el agua cristalina. Sus hojas grandes y redondeadas descansan sobre la superficie, creando un efecto sereno y natural. Justo al lado, en el jardín, hay un arreglo de flores de tonos vibrantes de azul y morado, con pétalos tan finos y translúcidos que parecen casi invisibles cuando la luz las atraviesa. Entre ellas, crecen unas curiosas flores que nunca antes había visto, con un aspecto casi etéreo que me fascina. Me recuerda que debo preguntar a mis abuelos más sobre ellas.
Coloco los últimos libros que tenía en las repisas, cada uno encontrando su lugar entre los demás. Las repisas son de madera clara, contrastando con el tono oscuro de las paredes, y están medio llenas con los libros que me compro Nainai y los que me dió Hal-abeoji para estudiar.
Mi nuevo cuarto no solo tiene espacio para guardar mis libros, sino que también cuenta con mi propio baño. Es un espacio amplio y moderno para la época, con una tina profunda y una regadera de lluvia. Los azulejos de las paredes son de un tono gris perla, decorados con diseños de constelaciones y otros elementos espaciales en tonos dorados y plateados, haciéndome sentir como si estuviera bañándome entre las estrellas. El piso es de mármol negro con vetas blancas, imitando la Vía Láctea.
En el lavabo, hay un espejo circular con un marco de metal cepillado, y sobre él, un pequeño jarrón con flores secas de lavanda que añaden un toque de frescura al ambiente. Las toallas, de un suave tono gris con bordes dorados, cuelgan ordenadamente en una barra de metal. Cada detalle en este baño está cuidadosamente pensado para mantener la atmósfera cósmica y relajante, pero sin perder ese aire retro que lo hace único.
Finalmente, me dejo caer en mi increíblemente grande cama. La suavidad del colchón me envuelve mientras cierro los ojos por un momento, sintiéndome agradecido por este nuevo comienzo. Las sábanas son de un suave algodón en tonos grises y azules, con un ligero brillo que recuerda a la luz de la luna. La cabecera de la cama es de madera oscura, tallada con motivos que imitan las curvas de las órbitas planetarias, y sobre ella cuelga un pequeño móvil de estrellas y planetas que gira lentamente con la brisa que entra por la ventana.