Ciudad Central ha vuelto a ser el blanco de un feroz ataque por parte de los rebeldes, un grupo que ansía el poder a cualquier costo. Tal como ocurrió hace cincuenta años, el caos se ha apoderado de las calles, y varios héroes han desaparecido en el...
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Amber
Cuando abrió los ojos, se dio cuenta que estaba en una habitación de hospital. Se incorporó poco a poco en la camilla, definitivamente estaba en el hospital de ciudad central, sus amigos estaban a su lado, durmiendo cada uno en los sofás de la mini sala de estar para las visitas.
Debieron haberse enterado de que ella asistió al festival, pese a que desde un principio se había negado a ir. Amber miró a Uziel, el cual estaba durmiendo en uno de los pequeños sofás, seguramente que después de traerla, se contactó con los demás.
Corrió las sábanas que la cubrían lentamente para poder levantarse, y pudo pisar el frío cerámico de la habitación. Camino lentamente y con sigilo hacía el espejo que estaba del otro lado de la camilla. Al verse detenidamente pudo darse cuenta de que su estado no estaba tan mal, sus brazos tenían algunas quemaduras de primer grado, al igual que sus piernas, se levantó levemente el camisón su abdomen, tenía uno que otro moretón, si ella tenía suerte, todo desaparecería en un par días.
Tenía demasiadas dudas en su cabeza, si se quedaba aquí no resolvería ninguna de inmediato, y eso la inquietaba. Lo pensó bastante, ya que si se iba ahora y ellos despertaran, sería demasiado sospechoso y la excusa del baño no serviría demasiado. Abrió el armario que estaba en la habitación, no tardaría demasiado, solo sería una hora como mucho, así que tomó un suéter el cual tenía un olor a menta, para ella era algo embriagador a pero suave a la vez, se lo puso sobre el camisón del hospital y se dispuso a caminar hacía la puerta.
Al abrir esta, iba a salir lo más rápido posible y volvería en poco tiempo antes de que sus amigos se dieran cuenta, todos tenían el sueño pesado así que no lo notarán. Pero, olvidó un pequeño detalle, no todos sus amigos estaban durmiendo, faltaba uno.
Al dar el primer paso, chocó contra una persona, no, chocó contra él. Amber levantó lentamente la cabeza, hasta dar con unos ojos de un negro profundo, como una tormenta en medio de la noche, sus cejas estaban fruncidas, parecía estar un poco molesto.
– ¿A dónde crees que vas señorita? – Cruzó sus brazos y la miró de arriba a abajo.
– Bueno, al baño – Sonrió inocentemente, pues no era del todo mentira, pasaría al baño y después saldría.
– ¿A sí?, entonces, ¿por qué salías a escondidas? – Su mirada se fue detrás de ella, donde los demás aún dormían.
– No...no quería molestar–
Zario suavizo un poco su mirada, y sus comisuras se elevan un poco en una sonrisa, pequeña pero ahí está. Amber no pudo evitar mirar hacía el suelo, por alguna razón, le parecía fascinante...la cerámica del suelo, claro.
– ¿Aún tienes ganas de ir al baño? – Este comenzó a caminar hacía ella, lo miró y por instinto, ella también comenzó a retroceder. Aún no sabía cómo es que él lo hacía para saber que estaba mintiendo.