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Bill Kaulitz

"El corte que siempre sangra"

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Lo conocí una tarde de otoño, en una cafetería escondida en una calle pequeña de Hamburgo. No era un encuentro planeado ni de esos que uno siente que cambiarán su vida. Era casual, torpe incluso. Yo apenas trataba de no dejar caer mi café cuando choqué con él en la fila.

—Lo siento —murmuré, apenada.

Él sonrió, de esa forma suya que parecía cargar siglos de historias, y dijo algo rápido en alemán. Me disculpé de nuevo, esta vez en inglés, y él se rió con una ligereza que me desarmó por completo.

—No pasa nada —respondió, ahora en inglés perfecto— Fue mi culpa también.

No lo reconocí al instante. Solo vi a un chico alto, de ojos inmensos, cejas marcadas y un aura difícil de ignorar. Me di cuenta de quién era cuando me pidió sentarnos juntos, Bill Kaulitz. El nombre resonó en mi cabeza, pero fingí normalidad, quizá porque en ese momento ya sentía algo más que admiración. Era como si hubiera conocido a alguien que llevaba años esperándome en algún rincón del mundo.

Nos hicimos amigos rápido. Él tenía esa manera de hacerte sentir especial, como si tus palabras fueran más importantes que todo el ruido que lo rodeaba. Salíamos a caminar, a perdernos entre calles llenas de hojas secas, a hablar de sueños, de miedos, de lo que queríamos y lo que no sabíamos querer.

Y yo, tonta, fui cayendo.

Cada vez que me miraba y reía de mis tonterías, sentía que el mundo era un lugar seguro. Cada vez que me mandaba un mensaje a medianoche pidiéndome que fuera a verlo, mi corazón latía tan fuerte que dolía. No me importaba la hora, ni el clima, ni nada. Iba.

Pero Bill nunca fue mío.

Él amaba su libertad más que a cualquier persona. Yo lo sabía. Lo veía en la forma en que cambiaba de tema cuando nuestras conversaciones se volvían demasiado profundas. En cómo evitaba cualquier gesto que pudiera parecer una promesa.

Y aun así, me quedaba.

Un día, sentados en el mismo café donde nos conocimos, me miró como si buscara las palabras más suaves para herirme.

—Tú eres... todo lo que cualquiera querría —dijo, con la voz baja—. Pero yo... no sé querer de la manera en que tú mereces.

Sonreí. Le dije que entendía. Que no pasaba nada. Que estaba bien.

Obviamente mentí

Después de eso, nos vimos menos. Los mensajes se volvieron silencios. Las llamadas, fantasmas.

La última vez que lo vi, fue en un aeropuerto. Él se iba de nuevo, a otra ciudad, a otra vida. Me abrazó fuerte, como siempre. Y por un momento, me permitió pensar que podía quedarse. Que esta vez sería diferente.

—Cuídate —susurró contra mi cabello.

Yo asentí, tragándome todas las palabras que nunca me atreví a decir. Lo vi alejarse, sin mirar atrás.

Y supe, de una vez por todas, que hay heridas que nunca cierran. Que algunas personas son solo eso, cortes que siempre sangran.




Holiii liris, volví, despues de siglos😭 una disculpa, pero aquí les traigo un nuevo cap, espero y les guste como a mi 💘

Xoxo. 💋

© 𝙊𝙉𝙀 𝙎𝙃𝙊𝙏𝙎 𝐓𝐨𝐤𝐢𝐨 𝐡𝐨𝐭𝐞𝐥Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora