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𓇢𓆸
[povs: Tom]
Nunca fui bueno con las palabras. Siempre lo supe. Crecí acostumbrado a que la gente se fuera o a que yo me fuera primero. Por eso, cuando llego ella, no entendí al principio lo que me estaba pasando.
Era diferente. No porque me mirara como si viera algo bueno en mí (aunque lo hacía),sino porque no exigía nada. No me presionaba. Solo... estaba.
La conocí en una fiesta, y no pensé que me marcaría. Era solo una noche más, otra cara bonita. Pero algo en ella me dio paz. Algo en su voz, en cómo se reía de mí sin miedo, en cómo no le importaba mi fama ni lo que la gente esperaba que yo fuera.
Y me quedé.
Al principio, era fácil. Salíamos, hablábamos de todo y de nada, dormíamos abrazados sin tener que prometer cosas. Pero después, ella empezó a mirarme con esa intensidad que yo no sabía sostener. Esa que pide verdad. Esa que pide estar presente de verdad.
Y ahí fue cuando empecé a fallar.
Porque yo no sabía cómo amar sin destruir. No sabía cómo dejar entrar a alguien sin miedo a que me rompiera. Y en lugar de enfrentarme a eso, me escondía detrás de lo de siempre: el silencio, las fiestas, las excusas.
Ella siempre estaba. Cada vez que regresaba. Cada vez que desaparecía y volvía como si nada. Siempre estaba.
Hasta que dejó de estarlo.
Recuerdo ese mensaje. Corto. Frío. Final.
"Cuídate. Yo ya no puedo seguir así."
Lo leí con la misma indiferencia que fingí sentir. Pensé: "Se le va a pasar. Siempre vuelve." Pero no volvió.
Pasaron días. Luego semanas. Cada vez que abría su chat, tenía ganas de escribirle algo. Pero no sabía qué. Nada me parecía suficiente, y además... mi maldito orgullo.
Hasta que una noche, me derrumbé. Estaba solo, en mi estudio, con la guitarra en la mano, y sin darme cuenta toqué una melodía que me recordaba a ella. Y fue como si su voz volviera a llenar el cuarto. Como si todo lo que no dije me explotara adentro.
Le mandé un mensaje: "Perdóname." Y después, un audio. Sin ensayar. Solo dejando salir todo lo que había guardado.
—No supe valorarte. No supe cuidar lo que me diste. Pensé que tenías que aguantarlo todo... porque yo no sabía ser de otra forma. Pero tú merecías algo mejor. Y ahora que no estás, me doy cuenta de que yo era el problema. No tú. Nunca tú...
Esperé su respuesta con el corazón apretado. Y cuando llegó, me dolió más de lo que pensé que podía doler:
"Te perdono. Pero ya no quiero volver a lo mismo. Cuídate tú también."
Eso fue todo.
Y ahí lo entendí.
Que no siempre se puede volver. Que pedir perdón no significa que alguien quiera quedarse. Que hay personas a las que uno lastima tanto... que por amor a sí mismas tienen que irse.
Y que cuando se fue, no solo perdí a alguien que me amó. Perdí la única parte de mí que había empezado a creer que yo también podía amar bien.