¿CONTRA EL RAIMON?
Día 1
—Despierta.
—Umh, déjame dormir, idiota —murmuré mientras me giraba hacia el otro lado, enterrando la cara en la almohada.
—Lara... —insistió con ese tono molesto que ya me tiene harta.
Antes de que pudiera ignorarlo de nuevo, sentí un golpe seco con la almohada en la cabeza. Abrí los ojos de golpe y me senté de mala gana, fulminándolo con la mirada. Agarré la almohada y se la devolví con toda la fuerza que pude... quizás demasiada, diría yo.
—¡Fuera de aquí! —grité, señalando con firmeza hacia la puerta.
Él, por supuesto, no se movió ni un centímetro. En su lugar, se cruzó de brazos, con ese aire de superioridad que tanto me exaspera, y arqueó una ceja.
—No, por si no lo sabías, esta también es mi habitación —respondió el muy sabelotodo, como si necesitara recordármelo por enésima vez.
Por desgracia, tiene razón, y qué pereza compartir habitación con David Samford. Sí, como pueden ver, formo parte del equipo de la Royal Academy. Y antes de que me lo pregunten, ya sé lo que están pensando: "¿Tú estás bien de la cabeza?"
A lo que yo respondo, con toda la calma del mundo: Creo que sí.
Pero no se preocupen, que pronto entenderán por qué estoy metida en este equipo... aunque no prometo que sea una historia bonita.
—Yo que tú me daría una ducha, ¿eh? —dijo con una sonrisa burlona, mirándome de arriba abajo.
Lo miro confundida, frunciendo el ceño, mientras él hace un gesto exagerado con la mano hacia su nariz, como si algo oliera mal.
Olisqueo mi camiseta, pero no huele a nada... ¿De qué demonios habla este tipo? Escucho de fondo su risa irritante, esa que te dan ganas de borrarla de un golpe, y cierro la puerta de un portazo.
—¡Idiota! —grité, lo suficientemente alto como para que me oyera.
Como pueden observar, ya estoy despierta y con un humor de perros. Si alguien más se atreve a acercarse, prometo que mi precioso puño será lo último que vea. No crean que David se saldrá con la suya tan fácilmente... No tiene idea de lo que le espera.
Me levanto de la cama y voy directamente al baño, el cual tengo que compartir con mi queridísimo compañero de cuarto.
Me dirijo hacia la ducha; me deshago del pijama, una camiseta y unos shorts cómodos, y me meto bajo el agua. Cojo una esponja, le echo gel y la restriego por todo mi cuerpo.
No me he dado cuenta de que aún no les había hablado de mí, así que, ¿por qué no nos conocemos?
Me llamo Lara, Lara Forl. Tengo dieciséis años. Me considero una chica simpática, tal vez demasiado cariñosa con las personas con las que logro tomar confianza. Sin embargo, aquí en la Royal Academy no he podido demostrarlo.
Aquí todo es tan aburrido... incluso el instituto. Cuando entré al equipo hace un mes, sentía miedo —y aún lo siento—. Me imagino que en cualquier momento puede aparecer un fantasma o algo sobrenatural, y, bueno, ya saben, odio ese tipo de cosas. Aunque quizás se estén preguntando por qué me uní a este equipo. Todavía no estoy lista para contarlo.
«Lara... deja de pensar en eso»
Mi antiguo equipo era "Dream Wolf", sé que no es muy conocido que digamos...
Salgo de la ducha, me seco con una toalla gris y me envuelvo el pelo con otra toalla. Me pongo ropa oscura, ya que no puedo usar prendas de colores. Está contra las normas, y adivinen quién las impuso...
Ray Dark.
Estáis en lo cierto, ese es mi entrenador y lo detesto con todo mi ser. A veces nos trata bien, otras mal, dependiendo de su humor... no se aclara ni él.
Me aproximo al lavabo, donde en la pared cuelga un espejo. Lo limpio un poco con el antebrazo, ya que estaba empañado, y en él observo una imagen que jamás había visto. Una chica con una expresión triste y, sobre todo, apagada.
Lara Forl ya no es la misma de antes, por desgracia. Cerré los ojos con fuerza.
Los abro con fuerza. Estoy motivada, con ganas de demostrarle al mundo lo que valgo. Me quito la toalla, me hago una coleta rápida y salgo de la habitación. Al pasar por el pasillo, noto unas paredes negras adornadas con numerosos cuadros. Cada paso que doy se ilumina débilmente una luz tenue. Esto parece más una película de terror que un lugar donde uno debería sentirse en paz.
Ando unos pasos más y giro a la derecha. Abro una puerta y ahí están todos, sentados en las sillas. Todo está en completo silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos. ¿Esto es un equipo? Porque, en verdad, parece más un cementerio.
Comienzo a andar y noto que una persona se gira y me mira con una intensidad inquietante. Desvío la mirada, sintiéndome incómoda, y es entonces cuando encuentro la mirada de Jude. Me sonríe tristemente, y hago lo mismo.
Me siento y empiezo a comer, pero el ambiente sigue cargado. Las paredes parecen absorber el sonido, dejando el lugar en un silencio sepulcral. A lo lejos, noto a otro grupo de personas sentadas, algunas cuchicheando, pero ninguna parece interesada en romper el silencio. El aire se siente denso, como si cada pensamiento o palabra estuviera atrapado en esta atmósfera.
De nuevo miro a Jude, que aún está allí, mirándome de reojo. Me pregunto si él también siente lo mismo. Su sonrisa triste aún permanece en mi memoria.
Sigo comiendo, pero la incomodidad no desaparece. Esto no es un equipo. Es algo más... algo que aún no logro entender.
20 MINUTOS MÁS TARDE
Se abren las dos puertas y entra Ray Dark, más serio de lo normal. Mi apetito desaparece de inmediato. Cojo el plato con las sobras y me levanto para tirarlo a la basura.
—¡Reunión en cinco minutos! —dice una persona con voz elevada.
Todos empiezan a moverse rápidamente, recogiendo los restos de la comida, mientras yo salgo corriendo de la sala para evitar cualquier posible encuentro. Pero antes de llegar a la puerta, una voz me frena.
—¡Lara!
Me doy la vuelta.
—Ei, Jude —lo saludo con una pequeña sonrisa.
—¿Vienes? —me pregunta, con ese tono que solo él tiene.
—Claro —respondo, corriendo a su lado.
Llegamos a una sala amplia: muchas sillas, una pizarra, una mesa con un ordenador y, por supuesto, los cuadros, como siempre. Nos sentamos juntos. En realidad, mi único amigo en este equipo es Jude, y tal vez un poco David.
—Chicos... tengo buenas noticias —comienza a decir Ray Dark, rompiendo el silencio.
Un murmullo de expectativas y murmullos llena el ambiente.
—Nuestro próximo equipo rival será... el Raimon.
Todos empiezan a gritar, pero yo me quedo en shock.
—¿Contra el Raimon? —murmuro, asimilando la noticia.
¿Cómo es posible? Contra el Raimon...
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Ganar o Perder ©
Romans¿Quién iba a decir que, en tan solo dos días, mi vida daría un giro de 180º? ¿Quién iba a imaginar que alguien a quién odiaba tanto podría convertirse el amor de mi vida? ¿Será cierto eso de que del odio al amor hay un solo paso? Lo único que sé es...
