VIII

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CAPITULO 8: ¿UNA MALDICIÓN?

Día 8: Martes

Me desperté como siempre, perezosamente; a veces pienso que soy un koala, ¿os imagináis? Seria increíble.

- ¡Enana!, mueve tu trasero, ¡ya!. - gritó desde abajo.

- Dejame en paz idiota. - Cogí mi almohada y me la puse como si fuera una persona y le abracé.

Se escuchó pasos desde abajo, supongo que mi hermano estará barriendo o haciendo cualquier otra cosa.

De pronto sentí agua fría resvalándome por todo el cuerpo.

-¡Ah!. - Grité.

Escucho una risa que proviene de mi hermano, el estúpido cae al suelo colocando su mano en la barriga.

-¡Tu eres tonto!. - Cogí mi despertador, se fue corriendo y lo lancé en la pared haciéndolo añicos. - Ya veras idiota, de esta no te escapas. - Dije para mi misma.

Me destapé, me levanté y me coloqué mis pantuflas de conejo, salí de mi habitación y fui directa al cuarto de baño; en verdad si lo piensas bien no hace falta que me duche ya que por el estúpido de mi hermano me ha bañado, así que, cogí mi cepillo de dientes y le heché una porción de pasta de dientes, me cepillé los dientes y me enjuagué la boca y finalmente lo escupí, cogí una toalla y me sequé la boca.

Fui otra vez a mi habitación y me puse mi uniforme escolar y de peinado obviamente mi hermosa y sensual trenza, luego me coloqué mis converse.

Bajé las escaleras y pude ver a mi hermano golpeando un balón y me apareció en la cabeza al egocéntrico, no pude evitar rodar los ojos. Al final tengo que jugar al fútbol por una parte, aún sigo sin jugar pero me muero de ganas de tener el balón en los pies.

- Aún no puedes jugar. - Me miró y le dio pataditas al balón.

- Pues ayer jugué. - Dije confusa.

Paró de jugar con el balón y me miró.

- Lara aún no puedes. Imagínate que te entra más fuerte el dolor.

- ¿Para qué existe el médico,  idiota?.

Él rodó los ojos.

- Desayuna, anda.

Me senté en la mesa y desayuné huevos revueltos.
Miré a mi derecha y vi un vaso de agua con una pastilla pequeña.

- Umh. - Señale la comida y me miró mi hermano, luego el vaso y después la pastilla.

- Si, sin falta te lo tienes que tomar y como no te lo tomes verás... me da igual lo que diga tu profesor. Voy a hacer que tragues esa pastilla.

Puse las manos de rendición.

- De acuerdo, me las tomaré.

- Así me gusta. - Me da un beso en la frente y me da las llaves. - Hoy vendré tarde enana. - Empieza ha dirigirse hacia la puerta, pero antes de que se vaya, dice: “Cierra la puerta con llave, adiós”.

Y cerró la puerta.

Anda, pues un día sola en casa cuando venga del instituto.

Me tomé la pastilla y bebí agua, me puse los auriculares y la mochila.

Salí de mi casa cerrando la puerta con llave.

Fui al instituto escuchando a Demi Lovato «La La Land».
Cuando llegué vi ha mith como buscando a alguien, cuando me vio, se dirigió corriendo hacia mi y me saludó.

Ganar o Perder ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora