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DREW
Eran pasada las once y media de la noche, nos estábamos despidiendo del nuevo esposo de mi hermana y su hija, al darse la vuelta destino al coche para ir a su casa la cabeza de su hija dio una breve vuelta y miro de reojo hacia la puerta donde me encontraba yo y mi hermana, mis padres se habían quedado recogiendo la mesa y yo con la terrible desesperación de qué edad tenia esa chica, parecía mayor pero sus ojos oscuros y sus labios eran aniñados, tenía pequeños rasgos que le hacían verse pequeña, miré la hora y era tarde pero aún así tenía que ir a casa, mis clases habían terminado ayer entonces podía quedarme más tiempo pero la costumbre me lo impedía.

Cogí las llaves que estaban en la mesita del recibidor, me despedí de mis padres y mi hermana y salí fuera donde la brisa rápida que desprendía frío y la oscura noche me daban una breve bienvenida, fruncí el ceño ya que no me imaginaba que hiciera tanto fresco, de un click en las llaves abrí mi BMW x5, me monte dentro aliviando la calidez que hacía en su interior.

No paré de pensar en todo el camino sobre qué edad tendría, su cuero y su rostro parecían de mujer pero algunos rasgos en clave eran aniñados, sus labios gruesos y suaves, su mirada inocente y la forma en que sonreía, se le marcaban los hoyuelos, su risa parecía de niña pequeña y le quedaba muy bien, por otra parte parecía un poco creída, no había hablado mucho en la cena y lo único que habíamos hecho es entrelazar miradas de vez en cuando, tendría unos veinte años? Podría ser o quizás veintidós o veintitrés, supongo que la volveré a ver ya que es la hijastra de mi hermana.

Lo que no le había preguntado a mi hermana era que cuando se iba a vivir con ese hombre? Me dijeron que llevaban un tiempo buscando una casa acogedora aunque fuera pequeña en la que se pudiera vivir a gusto, varias casas de las que me enseñó no eran casas, eran mansiones, ese hombre tenía dinero y mi hermana a decir verdad también lo tenía, supondría que se irían a una mansión pero una tan grande para sólo tres personas? Yo no podía quejarme, vivía en una bastante grande, diría yo, y vivo solo, en realidad es lo mejor vivir en una casa grande solo, se respira la tranquilidad que deseas y anhelas.

Quince minutos después llegue a mi casa, deseando de quitarme la ropa y tumbarme en la cama, había sido un día agotador y no vendría nada mal un baño con agua caliente pero no era persona, apostaría que me quedaría dormido en la bañera y mientras me ahogaría estando dormido.

El sol de la mañana iluminaba mi habitación con una suavidad acogedora, pintando las paredes de un tono dorado que parecía cobrar vida propia. Los rayos se deslizaban entre las cortinas entreabiertas, dibujando patrones de luz danzante sobre el suelo de madera pulida.

Al despertar, sentí el calor reconfortante del sol sobre mi rostro, como si el astro rey me susurrara al oído que era hora de comenzar el día. Mis párpados, pesados por el sueño, se alzaron lentamente, revelando el mundo que me rodeaba con una claridad matutina.

El aire fresco y perfumado de la mañana me llenó los pulmones mientras me estiraba con pereza, extendiendo los brazos y arqueando la espalda para deshacerme de cualquier rigidez acumulada durante la noche. Una sensación de calma y serenidad se apoderó de mí, impregnando cada fibra de mi ser con una tranquilidad reconfortante.

Decidido a comenzar el día, me levanté de la cama con determinación, dejando atrás las sábanas arrugadas y el calor reconfortante que proporcionaban. Mis pies descalzos hicieron contacto con el suelo fresco, y una ligera corriente de aire me envolvió, trayendo consigo el aroma de la mañana.

Caminé hacia el baño con pasos aún adormilados, dejando que el sonido suave del agua cayendo en la ducha llenara el espacio con una melodía relajante. El calor del agua se filtraba a través de mi piel, disipando cualquier resto de somnolencia y dejando una sensación de renovación en su lugar.

Después de la ducha, me envolví la cintura en una toalla suave, disfrutando de la sensación reconfortante del tejido contra mi piel. Me vestí con cuidado, deslizando mis piernas en un par de cómodos pantalones vaqueros y deslizando una camiseta negra sobre mi torso. Cada prenda se ajustaba perfectamente, como si estuvieran hechas a medida para mí.

Una vez listo, me miré en el espejo, ajustando mi cabello con los dedos y asegurándome de que cada detalle estuviera en su lugar. Una sonrisa ligera se curvó en mis labios mientras me observaba, listo para enfrentar lo que el día tenía reservado para mí.

Con pasos decididos, bajé las escaleras de madera tapizada, sintiendo la textura rugosa bajo mis pies descalzos. Cada escalón era un recordatorio de la belleza y la tranquilidad de la mañana, y cada paso me acercaba un poco más a las posibilidades que aguardaban fuera de esas paredes familiares.

Luego de ponerme los zapatos, cogí las llaves de mi coche y de un pequeño click en ellas se abrieron las puertas, conduje hasta el chalet en el campo de mi hermana, donde se encontraba una lujosa casa y grande bañada en mármol de color blanco y atrás de ella se encontraba una enorme piscina rectangular, íbamos a pasar allí el día, ya que nos había avisado casi tres días antes de venir, aparqué mi coche y con paso decidido entre a la casa, salude con un agradable abrazo a mis padres y a mi hermana, el calor que hacia dentro de aquella casa no era ni medio normal.

—¿Qué tal estáis?— pregunté dejando de acariciarle el brazo a mi hermana en forma de saludo.

—Bien, va a hacer buena temperatura como para estrenar la piscina por primera vez.— dijo mi hermana sonriendo con alivio.

—Belén, ¿las sábanas para la cama de invitados, están secas?— preguntó mi madre después de que me apoyara en el marco de la puerta me cruzara de brazos y pusiera una pierna encima de la otra.

—¿Para qué más sábanas?, si las de mi habitación de aquí ya están puestas.—

—Se me olvidó decírtelo, perdón, hablé con Scott y le propuse que se vinieran, a lo que aceptó.—

Un momento, ¿quien era ese?

—¿Quién es Scott?—

—¿En serio?, es mi marido.—

Lo siento pero se me había olvidado que se llamaba así, siempre me lo dicen, tengo complejo de Dory.
—Ah, vale, por cierto por qué has dicho "vinieran"—

—Porque también vendrá su hija.—

—¿Van a venir tu marido y tú hijastra a pasar aquí el día también?—

—Sí, el día y la noche. Mañana por la tarde más o menos se irán.—

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⏰ Last updated: May 05, 2024 ⏰

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