Jorge Armando Mishaan, ha asumido el control de las empresas de la familia, todo debería estar bien para él, pero no, nada está bien, al parecer todo ha perdido sentido y él siente que su vida no tiene el sabor de antes. Su matrimonio se ha desvanec...
Una vez terminaron la sesión se fueron juntos hasta la casa, era jueves en la tarde y le había dicho a Micaela que no regresaría, ahora tocaba decirle que le dejara ese espacio libre cada quince días.
Realmente anhelaba el momento en el que Leticia quisiera volver a su habitación, en la cama recordó que al llegar se sentaron con Mauricio, el pequeño estaba terminando sus deberes de la escuela y tuvieron un tiempo en familia muy agradable. Cenaron juntos como hacia bastante no sucedía y despidieron a su hijo para que fuera dormir. Cuando iban de camino a las habitaciones, Jorge la atrapó por la cintura, y la envolvió con sus brazos desde atrás, metiendo su rostro en el cuello de ella y aspirando su aroma. Leticia no se lo espera y dio un respingo.
– ¿Qué haces, Jorge? – Gruñó molesta tratando de liberarse.
– Abrazo a mi esposa. – La besó en el cuello y frotó su cadera contra ella haciéndola sentir su deseo – Te necesito, Leti.
– Esto no está bien. Yo... yo no puedo, es demasiado pronto. –Leticia se revolvió en sus brazos y logró zafarse del agarre.
– ¿Demasiado pronto? ¿Catorce años de matrimonio es demasiado pronto? – lo que menos quería Jorge era una confrontación con ella, sobre todo después de la bonita tarde que habían tenido, pero no se esperaba un rechazo tan brutal.
– Ya vas a comenzar, si las terapias van a ser solo para conseguir que me vaya a la cama contigo estas mal, me voy a dormir. ¡Estoy exhausta! – Dio media vuelta y se fue a la habitación que ahora ocupaba.
A Jorge se le estaba haciendo mas habitual de lo que podía admitir, terminar en la ducha autocomplaciéndose mientras pensaba en Leticia. Era una situación que no estaba dispuesto a admitir delante de nadie, ni siquiera a Oscar sería capaz de confesárselo y sentía que se estaba ahogando.
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Las sesiones con el terapeuta continuaron y en esos espacios siempre terminaban sacándose los trastos. ¿Era necesario? Al parecer si, cada uno debía decir lo que le estaba afectando y cada uno fue cayendo en cuenta de sus errores, porque él debía admitir que no solo Leticia los había cometido. Algunas tareas se les estaban asignando y Jorge ponía todo su empeño en ello.
Salir a cenar una vez por semana. Quien pensaría que sería tan difícil. La primera vez que lo hicieron a mediados de marzo fue muy extraño. No sabían de que conversar y hablar requería de esfuerzo.
– Hace mucho no veníamos a este restaurante. – Señaló Jorge tratando de iniciar una conversación con ella. Leticia solo hizo un gesto con su cabeza que no supo como interpretar. – La comida es muy buena. – Comentó después de un par de minutos.
– Si, es buena. – La respuesta tan corta no dio pie a otro mas de momento y se dedicaron a estudiar la carta.
– ¿Has visitado a tu mamá?– Preguntó Jorge después de que el mesero se retiró con su pedido.