Capítulo 22. Mi querida Ela

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– El señor Carlos esta allá fuera. – Deja salir el comentario como si nada, tratando de llenar el vacío que se formó en la corta caminata.

–¿Qué? ¿Dejó a Paulina sola? Eso es un verdadero milagro, nunca lo habría pensado. – Habla sonriendo Jorge al tiempo que niega con su cabeza.

– Es que... al principio pensamos que lo habían secuestrado... – Responde Ela esperando que su respuesta no fuera tan alarmante. Pero fue tal cual imaginaba.

En esta familia creen que todo son secuestros y malos ratos, no pueden pensar que alguien quiere estar fuera del radar, aunque sea un corto tiempo.

Si hubiese dejado al menos una nota habría sido más fácil para todos, sus papás tienen muchas noches sin dormir... – Lo increpa Ela, dejando la oración a medias, pensando que se había pasado de la raya.

Jorge se siente tan o más regañado que con su madre y eso que Ela había usado ese tono suave que la caracteriza, ¡Puf! ¿Qué iba a hacer con su secretaria? Ahora también lo regañaba, solo falta que le escoja la ropa y con eso tendría el paquete completo.

A las cuatro de la tarde Jorge ya había recibido todos los regaños y abrazos correspondientes, es que no le faltó nadie desde su hijo hasta la señora Estefanía.

Casi se sintió de la edad de Mauricio cuando su madre con alivio lo abrazó y tiro de su oreja. No podía desconocer qué había actuado impulsivamente y que había preocupado a muchas personas.

Ela fue llevada hasta su casa en una de las camionetas de la familia con la orden de que se devolviera en ella junto a sus tres hijos para cenar esa misma noche en la casa de los Mishaan.

Lucía, Marianela y David Esteban estaban sorprendidos con la invitación, jamás pensaron ser invitados a la casa del jefe de su mamá y tuvieron que buscar dentro de su clóset ropa que se ajustara al lugar a donde iban. No es que ellos fueran indigentes, pero no tenían ropa tan lujosa o costosa como la que usaban las personas de la alta sociedad y, definitivamente, los Mishaan lo eran.

Ya solo quedan dos semanas de clases. – Señala Jorge ante la afirmación de que ese fin de semana debía ser bien aprovechado.

–Si, pero para mi solo una, soy la mejor y no necesito ir en la última semana, ah, ah. – Canturreó la bella adolescente de ojos verdes.

–¡Lucía! – La regaña Ela en voz baja, aun así, todos se dan cuenta, lo que le genera más incomodidad.

–¡Pero mamá, es verdad! – Dice con algo de descaro su hija.

–No te preocupes Ela, los muchachos son así, siempre quieren presumir sus logros. – Defiende Margarita a la mas joven, al tiempo que le guiñaba un ojo.

–Yo si voy hasta el último día, tuve algunos problemas, pero ya estoy en línea de nuevo. – Manifestó Mauricio en un principio con timidez, pero luego continuó mostrando en su actitud que era muy valiente.

La cena termina con un delicioso postre de helado de chocolate bañado con arequipe que solo fue rechazado por Margarita.

Jorge agradece a Ela el haber ayudado a buscarlo y por un momento se quedaron viendo. Tal vez fueron unos segundos o quizás varios minutos lo cierto es que el verde de sus ojos lo tenia hechizado ella no pudo dejar de mirar esos ojos café claro que a veces parecían caramelo y otros chocolate. Algo se movió dentro de ambos y fue ella la primera en romper el contacto visual. Inspiró muy profundo mientras observaba por la ventana el hermoso jardín de esa bella casa. Casa no, mansión y por fin respondió sin mirarlo.

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⏰ Última actualización: Sep 09, 2025 ⏰

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