En un comedor donde se filtraba la suave luz del amanecer, iluminando con timidez cada rincón de la habitación, un grupo de niños de diferentes edades se encontraba sentado en silencio, aguardando la llegada del desayuno.
El bullicio, repleto de risas joviales y conversaciones animadas, llenaba el aire del salón; sin embargo, sentado en una esquina, apartado del resto y en un marcado contraste con la alegría general, estaba Leo.
Al contrario del entusiasmo que lo rodeaba, Leo mantenía la cabeza gacha, sumido en pensamientos profundos a causa de la carta que había recibido aquella misma mañana.
La alegría distintiva de los jóvenes no se hallaba presente en su rostro por ninguna parte; la melancolía que sentía en su interior aplacaba cualquier rastro de optimismo.
Poco después, mientras aún procesaba toda la información que había adquirido, fue interrumpido por el sonido tintineante característico de los platos al chocar y el fuerte aroma a huevos fritos que inundó sus sentidos.
Logrando salir del estado de ensueño en el que se encontraba, una pizca de determinación surgió finalmente en su mirada.
Levantó la cabeza y reflexionó: 'Dado que he venido al mundo mágico y tengo talento para ser mago, entonces es mi deber entrar en Hogwarts y explorar todo lo que la magia tiene para ofrecer'.
"¡Así es!", reafirmó sus palabras en un susurro, continuando de inmediato con su monólogo interno.
'Pensándolo bien, realmente no hay mucha diferencia entre los dos mundos. Si me encontraba preparado para vivir en un mundo repleto de dioses y monstruos, un calvo sin nariz no debería ser razón de temor'.
Leo se repetía palabras de ánimo, tratando de sentirse un poco más tranquilo ante la incertidumbre.
No estaba asustado; hacía bastante tiempo que había aceptado el hecho de encontrarse en un mundo donde, por alguna extraña razón, su especie era considerada comida gourmet para monstruos.
Lo cierto es que, cuando se enteró de que lo más probable era que se hubiera equivocado de historia, se sintió algo decepcionado.
Ya se había hecho a la idea de encontrarse en un mundo repleto de mitos reales, lleno de aventuras y seres fantásticos.
Anhelaba esto y, gracias a su conocimiento sobre la "trama", estaba seguro de poder explorarlo sin peligro alguno.
Aunque el universo creado por J. K. Rowling tenía su propio encanto, lleno de criaturas mágicas como el Cerbero y el fénix, lamentablemente estas bestias palidecían en comparación con las encontradas en los libros de Percy Jackson.
'Estas aún se podían catalogar como bestias mágicas', pensó Leo, 'sin embargo, aquellas encontradas en los libros de Riordan eran monstruos, desastres naturales, verdaderos azotes de la naturaleza'.
Sumándole a esto, su limitado conocimiento sobre la obra de los magos hacía que se sintiera más inseguro, ya que esto destruía todos sus planes previos de supervivencia.
"Viéndolo de esta manera, ¡estoy bastante jodido!", pensó algo irritado, frunciendo el ceño.
Aunque, lo cierto era que había encontrado algo de alivio al enterarse; después de todo, siempre era mejor ser un pequeño mago que ser una simple carnada viviente.
Pero aun así, seguía teniendo una duda punzante en mente: 'Las rarezas que me he encontrado podrían, apenas, ser explicadas con el arrebato del poder mágico. Pero... los extraños monstruos y los sistemas de poderes no terminan de encajar con el escenario. ¿Entonces, de dónde rayos provienen mis habilidades?'.
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Sangre Del Olimpo En Hogwarts -REESCRIBIENDO-
FanfictionLeo no es un mago común. Antes de sostener una varita, ya sentía el pulso del océano en sus venas y el peso de un linaje prohibido. Tras reencarnar en un mundo donde la magia se oculta tras muros de piedra, su undécimo cumpleaños trae una carta de...
