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Estar en su habitación, lo hacía sentir en calma, en paz, en su lugar acogedor, donde podía tener la paz que quizá no podría encontrar fuera de éste.
Era algo así como su lugar seguro, donde se aseguraba de que las cosas que entraban, no salían.
Por eso se sentía tan feliz, tan en paz y tan tranquilo de tener la puerta de su habitación, a sólo un metro, y abrir y cerrar la puerta detrás de él, se sintió tan bien.
Llegar ahí luego de un día agotador y lleno de cosas como las que el habían ocurrido hoy, era su momento favorito del día.
Y digo era, hasta que vió a Phuwin, khao, Satang y Winny sentado en círculo, esperando por él.
Quiso dar la vuelta e irse, pero era ya demasiado tarde.
—Queremos detalles— el pecoso había llegado hasta donde él estaba, tomándolo por los hombros y llevándolo hasta el círculo donde se encontraban los otros tres chicos.
—Y yo quiero bañarme— se safó y básicamente corrió al baño.
Le puso seguro a la puerta, sabía que ellos eran capaces de entrar y hacerlo relatar todo en el mismo baño, mientras se bañaba.
Aunque en cierta parte, sí necesitaba calmarse luego de lo de joong, aún se sentía nervioso recordando como este fue a él para invitarlo a salir.
Quería seguir creyendo que todo era producto de su imaginación, pero no podía, era demasiado real para ser imaginario.
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Sabía que algo sucedía cuando Pond y First estaban así.
First lo esperaba sentado en la cama con las piernas cruzadas y una mirada inquietantemente fija. Aterrador.
Pond por su lado, estaba de brazos cruzados, serio y su pierna no dejaba de moverse. Petrificante.
—¿Se sienten bien?— dejó su mochila en el suelo y comenzó a desabotonar su camisa.
—¿Por qué no estarlo?— soltó First del mismo modo.
—Porque siento que en cualquier momento sacan un cartel que diga “Bienvenido a casa infiel”.