¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Una respuesta, no pedía mucho más que eso.
Una respuesta para el por qué había un pelinegro alto tan guapo en su habitación diciendo que cuidaría de él.
Y nadie se la dió.
Estaba completamente seguro de que nunca en su vida lo había visto.
Claramente, Satang, amablemente le dejó muy claro las indicaciones que tenía que tener con Dunk.
Avisos como no sobre reforzarlo a muchas cosas principalmente mentales y físicas, y sólo cuidar muy bien de él.
Dunk estaba sentado en su cama frente al pelinegro, con sus brazos cruzados y su ceño fruncido.
¿Cómo es que sus amigos lo dejaría con un tipo al que él no conocía?
Por su lado, joong estaba más nervioso que nunca. La primera vez le fue tan sencillo, y ahora era tan complicado poder si quiera verlos a los ojos.
—Entonces...—suspiró dunk, dándole nuevamente la vista a Aydin de arriba hacia abajo—. ¿Tú eres Joong?
El mayor asintió, sonrojado. No era nuevo que cada vez que dunk, únicamente, le llamara por su nombre, él sintiera su corazón correr.
—Yo... ¿quieres hacer algo? Digo, me dejaron cuidándote
—Innecesariamente, puedo cuidarme solo, además, ni siquiera te conozco.
Aquello fue un golpe horriblemente bajo para el pelinegro, algo dentro de él se rompió, mas no dejaría que aquello se apoderara de él en ese momento.
Ya tendría otro momento para llorar sin que nadie lo viera.
Joong cerró sus ojos y suspiró—. Como digas, igual no voy a dejarte solo.
El menor rodó sus ojos, y se dirigió hasta su escritorio, en busca de su teléfono.
Joong lo observó, sabiendo lo que estaba buscando, notando que no estaba en su escritorio, sino en la mesita de noche de khao, al lado de donde él se encontraba.
El valor le subió hasta el último cabello en su cabeza, podría entretenerse un rato.
—¿Qué buscas?—preguntó tomando el teléfono cuidadosamente.
—No te importa— dunk levantaba los cuadernos que estaban ahí, buscando. Se rindió al darse cuenta que no estaba, dándose la vuelta—. Mi teléfono, la funda es
—¿Esta, de casualidad?— joong mostró el teléfono, lavantándose de la cama, para acercarse hasta donde estaba el pelinegro
Dunk asintió caminando hacia joong para tomar el objeto—. Dámelo.
El menor dejó de acercarse cuando vió que joong caminaba en dirección a él, con una sonrisa en sus labios, mostrando un apenas visible hoyuelo.
—Detente— le dijo al ver que estaba cada vez más cerca, caminando él hacia atras, chocando con el escritorio.
—¿No querías que te diera tu celular?—preguntó, incrédulo. Dunk tragó grueso sin saber qué decir.
Aydin no se detendría hasta que estuviera lo suficientemente cerca de él, dunk apoyaba sus mano contra el escrito, viendo directamente a los ojos a joong
Su corazón comenzaba a ir más rápido con cada pequeño paso que daba el mayor, sintiendo sus manos sudar y su garganta cerrarse un poco, siéndole un poco difícil respirar.
—D-Dame mi teléfono—tartamudeó.
—No dije que no te lo iba a dar—su sonrisa hizo a dunk temblar.
Cuando se detuvo, colocó una de sus manos su bolsillo, guardando el teléfono ahí y otra en el mismo escritorio, acercándose más a su rostro.
La diferencia de estaturas jugaba a favor de los dos, joong podía percibir el olor a frutas que dunk emanaba, y sonrió ladino.
El menor tragó grueso nuevamente.
—Debes pedirlo correctamente, dunk— el mencionado se estremeció al escuchar la voz ronca de joong, y tan cerca de él.
No pudo decir nada, sólo observar, viendo que los ojos del mayor se desviaban de sus ojos a sus labios.
Y no supo cómo, o por qué, pero le gustaba.
Tener esa cercanía porque incluso sentía la respiración del alto chocar con la de él, puesto a que estaba casi que encima de él, al igual que también percibía el masculino olor de la colonia de joong
Tampoco supo de dónde aparecieron unas ganas intensas de besarlo ahí mismo, como si ya hubiera tenido un encuentro más cercano con él antes.
Pero no podía ser, apenas lo había visto.
—D-Dame mi teléfono... por favor—susurró lo último, haciéndose chiquito ante joong
Joong sonrió complacido, sacando la mano de su bolsillo, donde había guardado el teléfono del chico anteriormente, dejándolo a un lado de él, haciendo más cercanía, apenas a rosando la comisura de sus labios.
Joong se separó y caminó hasta la silla del escritorio de dunk, con una sonrisa en su boca.
Dunk apenas se libró, corrió al baño, encerrándose y pudiendo soltar aquel aíre que había estado reteniendo.
Toda aquella amargura y odio que tenía por haber quedado al cuido de ese chico, se había ido, se había esfumado.
Ahora predominaban los diferentes colores de rojo en su cara y su respiración agitada, acompañado de los miles de pensamientos que pasaban como película en su cabeza.
¿Qué demonios había pasado y por qué le había gustado?