Capítulo 1.

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Ace:

Me levanté a mitad de la madrugada al oír pisadas. Con cuidado, salí de mi habitación y me dirigí a la cocina; el comer tan poco hacía unas horas había hecho que me diese hambre.
Me acerqué a la estufa y a la nevera. Saqué dos huevos y procedí a prepararme un omelette. Sabía que los sonidos había provenido del cuarto de Sabo, pero no le dí demasiada importancia.

Tenía los ojos entrecerrados y una expresión agotada. Realmente estaba cansado por el incendio de hoy y para colmo no podía dejar de pensar en Blanco Y Negro. ¿Acaso era de alguien relacionado conmigo? No me lo tomé demasiado en serio ya que quizás sólo era algún amigo tratando de hacerme una estúpida broma sin humor. Quizás fue Thatch o Namur quien la creó.

Saqué un plato del gabinete y coloqué mi omelette allí. Tomé un tenedor y un cuchillo para empezar a devorar mi omelette. Aunque en realidad lo hice con mucha calma, contrario a lo rápido que usualmente suelo comer los alimentos.

Entonces, recibí una notificación nueva, era de Blanco Y Negro.

¿Volviste a soñar con eso, solecito?”

¿Cómo mierda sabía qué coño había soñado? ¿Cómo sabía sobre eso? Ok, eso estaba comenzando a asustarme un poco. Empecé a mover mi mano ansiosamente, golpeando suavemente la madera de la mesa, antes de empezar a respirar apresuradamente.

¿Qué coño era eso? ¿Por qué se llamaba Blanco Y Negro? ¿Por qué sabía tanto de mí? ¿Por qué estaba dirigida hacia mí? ¿Por qué yo estaba destinado a sufrir? ¿Por qué tenía que estar tan solo? ¿Por qué yo...?

Empecé a llorar en voz baja, a aferrarme a mi pecho, a mover las piernas ansiosamente, a tener la respiración entrecortada e hiperventilarme.

Era un ataque de ansiedad. Ya estaba totalmente acostumbrado a ellos. Sólo que el dolor era el mismo, el miedo y la desesperación era algo que simplemente no cambiaba o desaparecía sin importar cuanto tiempo pasara o cuantas veces me cortara.

¿Por qué? ¿Por qué todo me pasa a mí? ¿Acaso no doy lo suficiente de mí mismo para que la vida me deje en paz? ¿Por qué no simplemente desaparezco y dejo de sufrir? ¿Por qué yo?

En desesperación, me levanté de mi asiento y me acerqué a las cajoneras de la cocina. Apresuradamente y sin cuidado empecé a buscar un cuchillo o cualquier objeto puntiagudo.
Cuando finalmente encontré un cuchillo empecé a sentir cada vez más presión en mi cuello, una presión que no me dejaba respirar.

Sentía aquellas asquerosas manos sobre mi cuerpo, tocándome de forma desagradable y repugnante, tal como ellos, las sombras, lo habían hecho.

Mi mano apretó el cuchillo fuertemente y empecé a cortarme los brazos. Lo hacía con fuerza mientras escuchaba aquellas voces agudas, riéndose de mí.

Eres tan patético.
¿En serio tienes que cortarte para poder tener al menos un poco de amor propio? Idiota.
Ja, ja, ja.
JA, JA, JA.
DAS ASCO.
TE MERECES LO QUE TE OCURRIÓ.
FUE TU CULPA.
TÚ LO PROVOCASTE, PUTA DE MIERDA.
EWWW, QUÉ ASCO ME DAS.
SÓLO DAS LÁSTIMA.
NO MERECES VIVIR.
NO DEBISTE NACER.

Suspiré calmadamente apenas sentí la navaja perforar mi piel, volví a hacerlo varias veces hasta que finalmente dejé de llorar y de hacer movimientos ansiosos. Ya todo había pasado.

Dejé de flotar en aquel mar de malos recuerdos y odio.

Al pasar algunos minutos, finalmente logré relajarme. Gemí cuando finalmente todo había pasado. Ya no había dolor, exceptuando el que sentía en mis brazos, ahora teñidos de un color carmesí.

El vino escurría por mis brazos y manos, hasta caer al suelo. Con cuidado, me abracé a mí mismo mientras hundía mi rostro en mis rodillas. Ya no quería sufrir más. Mi corazón simplemente ya no podía soportar más todo éste dolor.

∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆

Me desperté al escuchar un grito. No reconocí la voz y no supe quien era el dueño hasta que abrí los ojos.
Una mano sujetaba mi brazo con fuerza, frente a mí se encontraba el dueño.

Era Sabo, que me sostenía fuertemente y a la vez con delicadeza, como si me fuese a quebrar. Sus bonitos ojos marrones estaban llenos de lágrimas contenidas que simplemente no resbalaban por sus mejillas, aunque seguramente pronto lo harían.

–¿Lo volviste a hacer, Ace? ¿Volviste a tener una recaída?–Me preguntó, aunque sonaba entre molesto y atormentado–¡Creí que el tratamiento había funcionado, Ace! ¡Confíe en tí! ¡Confíe en que no lo harías más y...!

De pronto, Sabo empezó a deformarse y convertirse en una sombra totalmente oscura y fría. Una sombra que empezó a gritarme miles de verdades.

Me decepcionaste, Ace.
No puedo confiar en tí.
Te odio, Ace.
Deja de contar con mi apoyo si sabes que no lo tienes, basura.
Ojalá tú no fueras mi hermano.
¿Y así quieres que confíe en tí para cuidar de Luffy y de mí?
Vete a la mierda, puta.

Volví a llorar silenciosamente mientras esa sombra negra empezó a denigrarme y humillarme.

Lo siguiente que supe fue que Sabo me abrazaba mientras lloraba. Solamente le devolví el abrazo y empecé a llorar junto a él. Ambos simplemente guardamos silencio y suspiramos.

Subí a mi habitación en silencio y me senté en la cama, percatándome de la estupidez que había hecho por culpa de ellos. Todo lo malo entorno a mi vida era por culpa de ellos, las sombras.

Al pasar las horas, tal vez días. Sabo le contó a Luffy lo que hice, y como Luffy no puede cerrar la boca se lo contó a su mejor amiga, Boa Hancock. Aunque sé que ella no dirá nada, parece que ella está enamorada de mi hermanito.

Recibí un mensaje, era de Blanco Y Negro:

“¿Otra vez lo hiciste? No está bien ahogarte en tu propio autodesprecio, solecito.”–

Ok, eso sólo me dió más dolor y miedo, como aquella sensación de hacía años en la que gritaba y suplicaba, pero nadie me escuchaba. Aquella situación en donde yo estaba muerto de miedo.

Ese recuerdo hizo peor a las sombras.
Tras un largo rato de las sombras atormentándome, decidí acostarme en mi cama, cosa que lo hizo peor.

Vale, era un día de mierda, como usualmente son, sólo que no ocurren tan a menudo. Generalmente son una o dos veces cada una o dos semanas.
Todo en mi vida giraba entorno a las sombras, aquellas cosas horripilantes que habían robado mi niñez y me habían arrebatado las ganas de vivir, al igual que el sentimiento de no estar sucio todo el tiempo.

Me aferré a las sábanas mientras una lágrima traicionera escapaba de mis ojos y se estrellaba contra el colchón, generando un charco pequeño. Lo que único que sé es que no quiero estar vivo, no quiero sufrir más, y que estoy totalmente solo.

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⏰ Última actualización: Aug 06, 2024 ⏰

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