DESTINOS

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Habían pasado siete años desde que Raven había huido de su hogar y se unió al Gremio, donde rápidamente se adaptó a la vida de cazarecompensas. Gracias a su entrenamiento con Tristana, alcanzó una fuerza comparable a la de su mentora. Cuando Raven estuvo lista, emprendió su primera misión en solitario, cumpliendo su sueño de explorar cada reino y ayudar a quienes necesitaran sus poderes. Sin embargo, su soledad no duró mucho.

Un día, mientras descansaba en el verde césped, con el sol acariciando su rostro, una sombra interrumpió su tranquilidad.

—¿Así que aquí estabas? —dijo una voz masculina.

—Siempre sabes dónde encontrarme —respondió Raven, levantándose y estirándose—. ¿Estás listo para tu entrenamiento, Neve? —preguntó, girando hacia el joven.

Neve era de su estatura, con piel pálida, ojos azules como el mar, y cabello blanco como la nieve; un albino de rasgos atractivos.

—Claro que lo estoy.—

—Bien, entonces apresurémonos para que Sort vea lo bien que te he enseñado.—

Se posicionaron frente a frente, listos para luchar.

—Ya hemos visto cómo puedes usar tu magia para defenderte de ataques simples, pero como mago de la nieve, debes aprender a protegerte contra magos del mismo elemento, o incluso del opuesto, como el fuego.—

Raven sacó su violín y tocó la nota G, transformándolo mágicamente en una vara de hierro de su tamaño.

—Veamos cómo manejas esto, *Fiery Fugue* —exclamó, mientras la vara lanzaba una bola de fuego del tamaño de su cabeza, que se dirigía a gran velocidad hacia Neve.

Neve reaccionó rápidamente, conjurando un hechizo que, aunque no apagó el fuego, desvió el ataque en otra dirección.

—*Blizzard Barrier*—.

—Nada mal —dijo Raven, orgullosa de la rápida reacción de Neve—. Si no puedes extinguir el fuego, al menos puedes desviarlo, excelente.

Neve sonrió, satisfecho de haber recibido el elogio de Raven. Sus palabras siempre lograban hacerlo feliz.

Tras finalizar el entrenamiento, ambos regresaron al Gremio para descansar y comer algo.

—¿Volviendo del entrenamiento? —dijo Bhuta, un fantasma que siempre los recibía con la comida lista.

—Neve ha aprendido a esquivar ataques con rapidez. Me alegra mucho, eso significa que lo estoy entrenando bien —respondió Raven.

—Me recuerda mucho a alguien —comentó Tristana, que acababa de regresar de una misión.

—Bueno, yo también tuve una excelente maestra —dijo Raven.

—Coman antes de que se enfríe —insistió Bhuta—. Por cierto, Neve, ¿has recordado algo más sobre ti?

Neve no había llegado al Gremio de la manera usual; Sort lo había encontrado en un bosque invernal, deambulando solo y sin recuerdos. Lo único que sabía de sí mismo era su nombre, y eso porque Sort se lo había dicho.

—Aún recuerdo haber despertado cerca del lago congelado, pero nada sobre quién era antes. Apenas sé mi nombre, gracias a Sort —respondió Neve con calma.

—Típico de Sort, siempre tan enigmático —comentó Bhuta.

—No hables mal de quien te ayudó —dijo Tristana, molesta.

—No me molesta recordarlo. Estoy feliz aquí con ustedes, con Sort, con Tristana, con Cater, con Jimmy, con Bhuta... pero disfruto más la compañía de Raven.—

Todos en el Gremio sabían que Neve estaba enamorado de Raven, aunque ella se negaba a admitirlo.

Después de la comida, todos se retiraron a sus dormitorios. Raven, además de tocar el violín, había desarrollado otra pasión: marcar en un mapa todos los reinos y lugares que había visitado. Estaba revisando su mapa cuando Tristana apareció en su habitación.

—¿Cuándo te darás cuenta de que Neve está loco por ti? —preguntó Tristana.

—Por favor, Trini —respondió Raven, usando el apodo de su amiga—. Neve es... como un niño para mí, ¿olvidas que es cinco años menor?—

—Lo sé, pero aun así, creo que harían una buena pareja —respondió Tristana, mientras observaba el mapa que Raven tenía en la pared—. Has recorrido mucho en tan poco tiempo. Me alegra haber sido una buena maestra.—

—Amo mi vida solitaria, pero... tal vez me vendría bien compañía en mis próximas aventuras. Mira esto —dijo Raven, señalando en el mapa los lugares que aún no había visitado, reinos poderosos donde pocos cazarecompensas habían logrado completar misiones—. Tengo pensado hacer una misión en uno de esos reinos pronto, y si no me equivoco, el siguiente será Elyria.—

—¿El Reino de las Hadas?

—Sé que te encanta trabajar sola, así que no te pediré que vayas conmigo. Estoy pensando en invitar a Neve, así podría practicar lo que hemos entrenado.—

Tristana no podía dejar de pensar en la posibilidad de que Raven y Neve se convirtieran en algo más en el futuro, aunque también conocía el pasado de Raven y sabía que quizá no podría enamorarse de nuevo.

—Es tarde, y mañana tengo otra misión —dijo Tristana, estirándose mientras se dirigía a la puerta.

—¿Volverás pronto?—

—Awww, querida, sabes que eso nunca sucede.—

Raven rió y le deseó suerte.

Raven apreciaba profundamente a Tristana, no solo como su mentora, sino también como una gran amiga. Le fascinaban los enigmáticos ojos amarillos, de apariencia reptiliana, que poseía. Aunque desconocía su pasado, Raven nunca insistía en preguntarle, confiando en que Tristana, la primera en unirse al gremio, eventualmente le contaría su historia cuando estuviera lista.

Después de que Tristana se fue, volvió a mirar el mapa, esta vez enfocándose en el Reino de Odinslund. Con suavidad, recorrió con su dedo el lugar y susurró con tristeza:

—Hansel... ¿Qué estarás haciendo ahora?—

Mientras tanto, Hansel observaba su reino desde lo alto de una montaña. Había crecido mucho, tanto física como mentalmente, pero en el fondo no había superado a Raven.

Observaba cómo todos se movían con prisa y alegría: algunos cocinaban, otros decoraban el templo que había sido quemado tiempo atrás, y otros ensayaban música. Parecía que una gran celebración estaba a punto de tener lugar al día siguiente.

Miró hacia el árbol donde solía encontrarse con Raven y se perdió en sus pensamientos, sin notar la llegada de su padre.

—Hijo mío, ¿estás listo para mañana? —preguntó su padre.

Hansel miro a su padre con nostalgia y después bajó la vista a su mano, donde brillaba un anillo de compromiso.

—Sí.— Dijo volviendo a mirar a su pueblo.

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⏰ Última actualización: Aug 13, 2024 ⏰

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