capítulo 14

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No me puedo dormir. Es cada vez más difícil estar en esa cama, compartiéndola con Alex sabiendo todo lo que oculto.

Ni siquiera estoy cerca suyo para que nuestros cuerpos ni se rocen. Ya me siento incómoda bajo su toque, se siente como artificial; falso.

Miro hacia la mesita de luz cuando mi celular vibra y la pantalla se prende sola. Lo agarro y veo que tengo un WhatsApp. De Renzo.

Miro a Alex para comprobar que sigue dormido y abro el mensaje.

Renzo: ¿Estás despierta?

Le respondo que si, y su respuesta aparece abajo.

Renzo: ¿Y Alex?

Se lo hago saber y se me acelera el corazón con la siguiente respuesta.

Renzo: ¿Querés venir un rato?

La oferta es tentadora, y mucho. Me muero de ganas pero es como jugar en el borde de una terraza de un séptimo piso y sin barandal.

Como si Renzo supiera que estoy en medio de un mar de dudas, me llega otro mensaje suyo:

Renzo: Va a ser rápido. Sabés que Alex tiene el sueño pesado.

Suelto un suspiro. Si, eso sería un punto a favor. Apago la pantalla y lo sacudo un poco.

—¿Alex?

No hay señales. Lo muevo otro poco y suelta un ronquido, demostrando que está profundamente dormido. Entonces me levanto sin hacer ruido y pongo una almohada bajo la sabana para simular mi figura y que Alex no sospeche cuando se de la vuelta.

Salgo de su cuarto y toco la puerta de la otra habitación. Un segundo después, Renzo abre y me deja pasar. Cierra mientras me mira la boca y no espera para besarme.

—No dejaba de pensar en vos. –jadea contra mi boca mientras me encierra con sus brazos.

—Tiene que ser rápido. –le recuerdo.

Me separo de su cuerpo y me saco la camiseta de Alex que siempre uso para dormir. Renzo me mira y curva una sonrisa malévola pero satisfactoria en sus labios. Se me acerca de nuevo y su boca se arrastra con lentitud sobre la mía.

Agarra mis manos y las pone en su cadera para que le baje los short. Los arrastro hacia abajo y de mi boca se escapa un gemido cuando siento toda su dureza contra mi estómago. Y la palpitación de mi clítoris se  intensifica cuando lo siento más que duro. Más que preparado.

Nuestras lenguas se entrelazan lentamente. Pongo mis manos en su estómago y lo empujo con cuidado cuando siento que ya ni siquiera puedo respirar.

Renzo me agarra la cara y vuelve a pegarme a su boca, aunque sin besarme porque está muy ocupado sonriendo como un hijo de puta al que le importa todo un carajo.

—¿Qué pasa, ya estás mojada?

Su lengua se desliza sobre mis labios y yo suelto otro gemido antes de abrir la boca para volver a profundizar el beso. Las manos de Renzo se arrastran por todo mi cuerpo como si fueran brazas que me hacen arder.

Me acerca al borde de la cama y caigo sentada. Él se me acerca y yo separo las rodillas, pero al parecer no basta porque Renzo me agarra los muslos y me abre las piernas hasta el límite, dejándome completamente servida sobre su cama.

Yo sofoco el aire y niego con la cabeza cuando sé lo que quiere hacer.

—No..., no... –le susurro, desesperada. —No quiero hacer ruido.

Renzo se acerca a mi cara y me planta un beso rápido antes de señalar detrás mío con su barbilla.

—Agarrá la almohada. –me ordena.

Peligrosa Tentación Donde viven las historias. Descúbrelo ahora