Canto de la tierra y el alma

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Entre los árboles susurra el viento,
viejas canciones de un mundo olvidado,
donde la tierra respira con furia y calma,
y los dioses caminan con forma de bestias.

Ashitaka, hijo de la luna y del viento,
llevaba en su corazón la marca del destino,
un mal que consumía cuerpo y alma,
pero en sus ojos aún brillaba la esperanza.

San, hija del bosque y los lobos,
de piel salvaje y corazón de furia,
corría con los espíritus entre las sombras,
defendiendo un mundo que la humanidad devoraba.

Se encontraron en un campo de batalla,
él con su deseo de paz, ella con su ira desbordada,
y entre la sangre y el polvo,
nació un vínculo que ni los dioses pudieron romper.

Ashitaka, con manos llenas de compasión,
tocó el alma herida de San,
mostrándole que incluso en la guerra,
el amor puede florecer entre las ruinas.

San, con ojos llenos de rabia y dolor,
vio en él una verdad que la confundía,
pues en su lucha por proteger la vida,
encontró un aliado donde solo esperaba un enemigo.

Pero el mundo no es blanco ni negro,
y la tierra, herida, lloraba en silencio.
Juntos, se alzaron entre los hombres y los dioses,
intentando sanar lo que parecía imposible.

𝖯𝖤𝖭𝖲𝖠𝖬𝖨𝖤𝖭𝖳𝖮𝖲: 𝘗𝘰𝘦𝘮𝘢𝘳𝘪𝘰Donde viven las historias. Descúbrelo ahora