moonlight

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Los recuerdos de John se dividían en algunas “secciones”: los relativamente “buenos”, el sexo, el asqueroso sanatorio Ravenscar y los malos.

El penúltimo, sin duda, era algo con lo que aún soñaba, en compañía con pequeñas imágenes de Astra…y a pesar de que intentó por todos los medios borrar ese recuerdo, a último momento, no podía hacerlo. Sí, la muerte de la pequeña lo torturaba, pero sentía que olvidarla solo lo haría mucho más hijo de puta.

Astra merecía ser recordada. Al menos era lo único que John podía darle aún.

En la actualidad, aún no se acostumbraba del todo a su nueva adquisición, La casa del Misterio. A veces pensaba que la casa tenía vida propia y pensaba esto gracias a las cosas que cambiaban de sitio...o a las habitaciones.

Tal vez solo fue un efecto de sus interminables borracheras, pero prefería pensar que su casa tenía vida, qué adjudicar los sucesos a algún demonio.

Inclusive, aprovechando la soledad, de vez en cuando la llamaba “casita”, esto después de haber visto una película con…bueno, ¿Eso importa?, no recordaba ni la mitad de sus conquistas…o revolcones. Solo sabía que a mitad del polvo, se entretuvo un poco con esa película, aunque claro, después volvió a lo suyo.

Pero, esa noche que bebía whisky, su tranquilidad fue interrumpida cuando la puerta se abrió. Era extraño, juraría que había puesto algún hechizo de protección…así que tal vez, lo que sea que haya entrado, era…humano, o al menos cogible.

—Mira amor, ya sé tu secreto. Te mueves a voluntad y justo ahora podrías llevarme sentado hasta la puerta y ver que ocurre, ¿No? –a veces se sentía estúpido por hablarle a una casa, pero vaya, era su casa—. Bien, ya veo que eres una chica independiente, no te molestes, voy a caminar.

En su andar, encendió un cigarrillo, dando una profunda calada, mientras guardaba el resto del paquete en el bolsillo de su amada gabardina. John siempre pensó que si su gabardina fuese algún humano, tal vez superaría a Chas, o a una buena mujer…u hombre.

—Veamos, que engendro entró esta vez..

Se quedó estático al ver a un joven en el suelo de su entrada, hecho bolita, lo podía escuchar sollozar…y entonces lo decidió: no era una niñera.

—Oye, si eres amistoso, puedes quedarte unos momentos, pero si eres de esas mierdas que me hacen mierda, puedes marcharte, ¿Si?

El joven alzó la vista rápidamente y fue ahí que el cigarrillo de Constantine cayó al suelo.

Lo conocía. Había convivido con el chico cuando tenía un poco de menos edad, claro. Después de Dick Grayson, estuvo él y John recordaba que en una ocasión discutió con Batman por exhibirlo a tanto peligro.

En algún punto, John se vió reflejado en el chico, en su impulsividad...pero no merecía morir, no cuando lo recordaba saltando de aquí a allá, riendo y haciendo travesuras. Fue el Robin feliz. Fue el segundo Robin.

Al menos hasta que…, oh mierda.

¿Qué hacía un joven que había muerto días antes, llorando en el suelo de su entrada?

—Jason… –lo llamó con suavidad, acercándose lentamente. Los vendajes lo cubrían casi por completo, pero su rostro demostraba lo confundido y asustado que estaba—. No tengas miedo, soy yo. John Constantine. –le susurró, colocándose de cuclillas frente a él—. Mira, el que se está cagando del miedo soy yo, ¿Entiendes, amor?, moriste, ¿Qué diablos haces aquí?

Jason solo respiraba con desesperación, y en un punto, se abalanzó contra John, quién retrocedió.

—No quiero hacerte daño. –aseguró, poniéndose de pie. Además…él sabía que en una pelea, estaba jodido, aún más contra algún Robin—. Escucha, no soy tu maldito enemigo, ¿Logras seguirme?

Cuando el joven volvió a lanzarse a él, John pudo percibir la torpeza en sus movimientos, la desorientación completa en todos los sentidos y su nulo habla.

—La muerte te licuó el cerebro, ¿No, amigo? –cuestionó, sacando otro cigarrillo de su cajetilla—. Solo tienes que volver a…aprender algunas cosas, Batman de seguro… –se detuvo.

Batman, ¿Le devolvería al pequeño milagro al posible causante de su estado?, No, por supuesto que no; pero él no era el mejor instructor en absolutamente nada, y dejarlo a su suerte…, no tampoco era una opción.

Y contarle a Zatanna…, no, tampoco podía hacer eso.

Chas le ayudaría. Sí, ya era padre después de todo, ¿no? y Orquídea Negra también podría. Ella tenía más sensibilidad y tacto que él o Chas. Y si el tiempo quisiera —y el mismo Jason Todd—, tal vez en un futuro lejano, podrían hacerle una visita a Bruce, o a Alfred.

Regresó a la normalidad cuando el joven se vomitó a sus pies.

—...paciencia, necesitaré paciencia.

Tal vez Jason sería otra gran sección en sus recuerdos.

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⏰ Última actualización: Sep 30, 2024 ⏰

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