Me despierto en casa, he dormido encima de la cama, tapada con una manta. Me siento como si llevara varios días aquí tumbada.
Me escuecen los ojos, tengo un dolor de cabeza penetrante y por un segundo me pregunto si no me lo habré imaginado. Que he soñado que una mujer llamada Isabel ha venido hoy a mi consulta.
Evitar el dolor es un instinto básico del ser humano, mejor huir que enfrentarse a aquello que hace daño.
Y yo desearía poder huir.Es como un lunes cualquiera, nos encontramos en casa después de la jornada laboral, charlamos en la cocina. Mi marido está como siempre, mi hijo también. Nuestra preciosa casa sigue como siempre. Aun así, todo me parece ajeno. Como si me hubiese convertido en otra persona. Como si fuera una extraña en mi propia vida.
Debería contarle lo que me ha pasado. Debería hablar con el. No es propio de mi guardarme secretos. A pesar de todo, soy psicóloga y psicoterapeuta certificada. Expresó lo que siento, discuto y analizo cualquiera que sea el problema. Sobre todo si se trata de algo que puede cambiar nuestra vida por completo.
No consigo comer nada. Ellos conversan, no se de que. Los oigo, pero, igualmente, mi cabeza vuelve todo el rato a ella.
Isabel.Yo me disculpo, me levanto de la mesa y salgo de la cocina. Voy al lavadero y trato de relajar la mente.
Un ataque de pánico. Uno solo, en años. Pierdo el control y no puedo hacer nada para evitarlo. Un auténtico terror y una angustia paralizante me invaden los pensamientos y los sentimientos. Como subirse a un tren desbocado y luego verte obligada a seguir en el hasta la última estación. Y hasta allí ya no quiero ir nunca más.
No me fío de Isabel. ¿Como iba a hacerlo? ¿Como podría confiarle mis dudas si aún no tengo la menor idea de que es lo que quiere?
Hace años mi vida se desmoronó, pero logré reconstruirla. No debo olvidarlo. Elegí vivir, no pude hacer otra cosa. La alternativa era la muerte y fue un paso que no fui capaz de dar. Me centre en mi formación, en alcanzar mis metas.
El ataque de pánico que me ha cogido hoy ha sido un caso aislado. No volverá a pesar.
Desplegó la escalera, subo al desván y enciendo la luz. La maleta está en la esquina. Aparto unas cuantas cajas de cartón antes de verla. Una manta blanca con estrellas grises. Un vestidito azul con encaje alrededor del cuello y en las mangas, la única prenda que he conservado. Fotografías, Daniel, su hermana y yo.
Estudio el aspecto de María. El pelo liso, largo y le llega hasta la cintura. El parecido con Isabel me asusta. Podrían ser hermanas o gemelas.
Pero es mera coincidencia. Tiene que serlo.
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Intuición
Teen FictionDeja de pensar en lo que hiciste. Deja de pensar en ella. Deja de pensar. Déjalo