La misa estaba por finalizar,
y aunque todos esperaban pacientemente los diez minutos para rezar antes de salir,
yo me sentía incómoda.
Había una sensación extraña,
como un nudo en el estómago,
que venía y se iba cuando aparté la mirada de sus ojos,
esos ojigatos que me habían desarmado sin razón aparente.
Me tensé al darme cuenta de que estaba observando a la nueva chica,
la que se había sentado en las últimas filas,
cerca de la pareja.
Desde el primer momento tuve la impresión de que no quería estar ahí.
Su expresión cerrada, casi hostil,
me hizo sentir una punzada de incomodidad.
Se parecía tanto al gato negro que había visto de camino a la iglesia,
un gato con unos ojos verdes como ácido,
que me miraba desde la banqueta,
como si me advirtiera: "te acercas y te araño".
No pude evitar sonreír al compararlos,
eran iguales.
Ambos irradiaban una mezcla de misterio y amenaza.
Quería volver a mirarla,
una parte de mí deseaba confirmar si esa sensación en el estómago era por ella
o si, tal vez, el desayuno me había caído mal.
Mi hermana, que apenas está aprendiendo a cocinar,
bien podría haberme condenado a pasar el resto del día con una diarrea explosiva.
Pero algo más me inquietaba,
algo más profundo,
algo que me daba miedo explorar.
Tratando de disimular,
giré ligeramente.
No quería parecerme a la chica del exorcista.
Solo giré un poco,
unos cinco centímetros cúbicos (sí, lo sé, soy un genio en matemáticas ;} ).
Cuando lo hice, la vi con el celular en la mano,
perdida en algún juego.
Sin embargo, lo que me atrapó no fue el juego,
sino sus ojos.
Eran hipnóticos,
como si me arrastraran a un lugar del que no podría escapar.
No entendía lo que sentía,
y una parte de mí no quería descubrirlo.
Había una mezcla de intriga, deseo y... ¿miedo?
Un escalofrío recorrió mi espalda,
cada fibra de mi ser me gritaba que esto era peligroso,
que ella era peligrosa.
Tal vez era una señal de Dios,
advirtiéndome que no debía acercarme,
que estaba entrando en terreno oscuro, incierto.
Me sobresalté al darme cuenta de que la había estado mirando todo el tiempo.
Sus ojos, de un color limón mexicano (eso es lo que había oído),
me sacaron de mi ensoñación.
Tenían una mirada profunda,
casi gélida,
pero a la vez,
había algo sexy en esa frialdad,
algo que me desconcertaba por completo.
Y entonces...
¡¡¡Espera!!!
¿Qué estoy pensando, Naomi?
¡¡¿Qué demonios estás pensando?!!
Volví a la realidad,
ahora consciente del torbellino que se había desatado en mi interior.
Mi corazón latía a mil por hora,
sentía que iba a explotar.
Respiraba entrecortada,
llena de una confusión que no sabía cómo manejar.
TENÍA MIEDO DE ELLA.
Eso era,
miedo.
Pero no cualquier miedo,
era algo visceral,
algo que no podía controlar.
Como dijo Rosita,
eso era lo que me estaba pasando.
No tenía que preocuparme,
me convencí a mí misma.
No me iba a acercar,
no le iba a hablar.
Nada,
cero contacto con ella.
La misa acabó
y todos comenzaron a irse,
excepto los que recibían la ostia.
Solo estábamos esperando a mi padre,
quien daba la ostia,
para poder salir.
Todo parecía normal,
hasta que vi a los amigos de mis padres acercarse,
y detrás de ellos,
venía ella.
Mi corazón dio un vuelco.
Sentí un impulso de huir,
de desaparecer,
pero mis pies estaban anclados al suelo.
Desesperada,
busqué a Jesús con la mirada.
Lo vi al otro lado de la iglesia,
junto a sus hermanos,
y supe que si llegaba hasta él,
todo estaría bien.
Comencé a caminar rápidamente hacia donde estaba,
sintiendo la presión en mi pecho aumentar a cada paso.
De reojo,
vi cómo la pareja se acercaba a mi mamá
y le presentaban a la chica.
Mi mamá y mis hermanos sonreían,
le abrazaban,
como si ella no fuera un huracán a punto de arrasarme.
Ya casi llegaba con Jesús,
cuando sentí una mano entrelazarse en mi brazo.
Me detuve en seco.
Volteé,
y era mi mamá.
—Mamá, iba a ir con mi novio a despedirme —dije,
intentando sonar inocente,
aunque por dentro sentía que me ahogaba.
—Pues espérate —respondió ella con calma,
pero con firmeza.
—Pero es que yo...
—Pero nada, hija.
Luz quiere presentarte a su sobrina.
Acaba de llegar al país
y no conoce a nadie.
No quiero quejas,
sé amable,
aunque no debería ni pedírtelo.
No sé por qué te comportas así, Naomi.
¿Por qué no quieres ir?
—me preguntó,
en un susurro casi imperceptible,
mientras caminábamos hacia ellos.
—No es nada,
solo que sentía un dolor de panza —mentí,
aunque por dentro sentía que mi corazón estaba a punto de estallar.
No podía decirle que esa chica me hacía sentir como si me estuviera enfrentando a algo que no podía entender,
algo que me superaba por completo.
Llegamos a donde estaban todos.
Luz y su esposo se me acercaron con una cálida sonrisa
y me abrazaron efusivamente.
Ellos siempre me habían caído bien,
eran como familia para mí,
ya que conocían a mis papás desde la secundaria.
Estaban presentes en todos nuestros cumpleaños,
Navidades...
El señor Andrés viendo partidos con mi papá
y la señora Luz echando chisme con mi mamá en la cocina.
Eran como unos segundos papás para nosotros.
—Naomi, mi niña, ¿cómo estás? —dijo Luz con cariño.
—Hola, tía Luz, muy bien, gracias —respondí,
con una sonrisa que no llegaba a mis ojos.
—Queríamos presentarte a nuestra sobrina.
Acaba de llegar de México
y no conoce a nadie.
Pensamos que podrías hacerle compañía mientras se adapta.
Además, ustedes son de la misma edad,
así que seguro se llevarán bien...
Y, mira,
aquí viene.
Sentí su mirada,
incluso antes de girarme.
Cada paso me pesaba como una tonelada.
Mi estómago se revolvió.
Lentamente,
me volteé para enfrentarla,
y ahí estaban otra vez: esos ojos.
Me quedé paralizada.
No podía moverme,
no podía pensar.
Sentía que mi corazón estaba a punto de detenerse,
y mi estómago no paraba de gritarme que algo estaba terriblemente mal.
(SEGÚN ELLA, JAJAJA,
PERO DÉJENLA,
ANDA DE TERCA.)
Regresé al presente cuando ella extendió su mano
y me sonrió.
Yo me quedé mirando sus ojos,
su mano,
sus ojos,
su mano,
una y otra vez.
Hasta que finalmente escuché lo que dijo:
—Alguien como tú...
No entendí quién era yo en ese momento.
Todo se desvaneció.
Ya no podía escuchar,
ni ver,
ni sentir nada.
Solo supe que caí.
Alguien me atrapó,
pero no pude ver quién era,
y después,
todo se volvió oscuridad.
Fin.
No se crean jsjsjs
Nos vemos en el próximo cap besos 😘
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Alguien como tu
RomanceNaomi es una chica,inteligente, noble y increíblemente hermosa muy religiosa por ende su familia también hasta que llega "mía"la típica black cat a su vida a darle un giro de 190 grados centígrados.
