—Ella me lo prometió. Dijo que nunca me dejaría sola. ¿Verdad?
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11:26 am.
La alarma de mi reloj sonó. Ya era super tarde para ir al colegio, otra vez.
Mi nombre es Mariana Martinez. Estudiante de último años de secundaria. Y como casi todos lo días voy tarde a clases, por culpa de que soy muy dormilona.
—Santo dios. De nuevo me quede dormida. —dije entre dientes. Se que no es la primera vez que me quedo dormida. Pero hoy es día de exámenes y no quiero que la profesora Carla me regañe.
—Mariana. ¿Por donde estas? Ya la profesora no tarda en venir. —me dijo mi mejor amiga por llamada.
—Ya voy en camino. —mentí. Apenas y iba a desayunar.
—Apúrate mujer...—Alice. Mi mejor amiga, le gusta hacer más cosas a tiempo y forma. Y mira de quien se hizo amiga.
—ya llego. —tengo que mentir para que no me regañe más.
Al lapso de 25 minutos ya estaba en camino a la secundaria. Al llegar lo primero que hice fue saludar al portero, para luego salir casi corriendo al salón de clases.
—Llega tarde de nuevo señorita Martinez. —me dijo la profesora, mientras estaba recostada en el marco de la puerta.
—Buenos días profesora. —dije a regaña dientes, esa señora es de lo peor.
—Pase.
—Gracias. —pase de una a mi asiento que estaba atrás del de alice. —Hola muñeca. —la salude. Me gustaba decirle muñeca, no se porque, pero me gustaba.
—Llegas tarde de nuevo...—dijo en tono serio. Que me dio escalofrío.
—Perdón muñeca. Me quedé dormida. —respondi mientras arrecostaba mi mentón en su hombro.
—Eres una estúpida dormilona. —río. Me gustaba verla sonreír, su risa me alegraba el día.
—Jejej. —reí bajito para que la señora esa (la profesora) no nos escuchara.
—Las dos de atrás. Deje de hablar. —no se que tipo de maldito poder tenga esa profesora, solo se que el más mínimo ruido que hagamos mi mejor amiga y yo nos va a llamar la atención.
2:15 pm:
La hora del descanso llego al fin. Después de aguantar casi dos horas y media a la profesora Carla hablar y dar un examen de matemáticas de 5 hojas, los 25 minutos de felicidad que daban para descansar llegaron.
—Por fin. Soy libre. —dije de felicidad al escuchar la campana del descanso.
—Jaja. ¿Vamos a ver que compramos para comer? —me pregunto Alice ya más feliz.
—Esta bien. Vamos. —la tome la mano y camino así asta la cafetería que estaba en el colegio.
—¿Que quieres de comer? —me pregunto mientras sacaba su cartera.
—Mm-m quiero una pizza y un refresco. —ella siempre me compraba comida. Dice que eso la hace feliz verme comer, pero ella casi no come nada y eso me preocupa. —¿no vas a comer? —le pregunte mientras comía un pedazo de mi pizza.
—No. Hoy no tengo hambre. —respondió con una sonrisa, mientras me miraba comer felizmente.
Ella me preocupa. No come mucha comida, pero tiene un cuerpo en buena forma, para no comer casi nada.
—A por cierto. ¿Como va tu relación con tu papá? —le pregunte.
—Mm-m igual que siempre. —dijo en tono serio. —ya sabes, me regaña sin ningún motivo, casi no me presta atención, lo normal.
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𝓟𝓡𝓞𝓜𝓔𝓢𝓐
Short StoryUna promesa no se debe de romper. verdad? pero algunas veces el destino te lleva en contra de lo que un día juraste o prometiste.