Francis
Cuenta hasta tres. No, mejor cuenta hasta diez. ¿O era hasta 100? ...
Sí, esto definitivamente no está funcionando y es principalmente porque mi cabeza no recuerda hasta qué número debe contar para calmarse a sí misma. ¿Qué tan ridículo es eso?
A veces odio a la gente.
Que no se malentienda: son buenos la mayoría del tiempo, ¿no? Pero a veces los odio. Y no es su culpa, solo es la forma en la que actúan, se mueven o respiran algunas veces cerca de mí. ¡Se quejan por todo! El pasado, presente, futuro, todo es lamentable. Y yo toda mi vida he intentado evitar a esa clase de personas porque no hacen más que contaminar mi vida de grises, como si arruinar sus propias vidas no fuera suficiente trabajo.
Y al parecer, el propósito de la gente esta mañana es arruinar mi día.
—¡Animal sucio, rastrero y sin sentimientos! ¡Y no vengas con que tú no te lo comiste! Tía Lidia debió mandarte a esa escuela militar, como le dije —se lamenta mi primo Cyrus al teléfono, a las 7 de la mañana de un lunes, sin saber que mi cabeza no deja de palpitar.
—¿Ahora qué, Cyrus? No tengo tiempo para tus tonterías —le digo aún con los ojos medio abiertos. No debí beber esos tragos anoche.
—¡Yo como mi helado como apoyo emocional! Y si no tengo mi helado, ¿cómo quieres que siga con mi...
—¡A nadie le interesa! —Lo corto, porque ya sé a dónde va—. Y repito lo de siempre: consigue tu propio apartamento. Mientras más lejos, mejor.
—¡No! ¡Yo amo vivir contigo, por favor no me eches a la calle! ¿Cuándo vuelves?
—Da igual. No estarás en casa cuando llegue.
—Eres imposible —suspira, como si el agotado fuera él.
—Y tú tienes que dejar el drama, porque si no en serio voy a echarte.
—Sé que no lo harás. ¡Quiero que me compres otro helado!
—No lo haré. Además, era horrible.
—¡Lo sabía! ¡Tú te lo...!
Le cuelgo antes de que termine la frase.
Como dije, no son malos... pero a veces simplemente no los soporto.
En fin, dejando de lado la innecesaria discusión con mi primo, el viaje que planeó el equipo fue relajante y hace mucho no me divertía tanto. O al menos, eso fue antes de que se le ocurriera hacer una competencia de tragos el día antes de volver, donde tuve que tomar más de los que mi pobre cuerpo puede soportar.
Colocando una camiseta, camino hacia el jardín trasero de la casa que alquilamos, cuando veo a dos cuerpos tirados en el suelo cerca de la piscina. Camino hacia ellos esperando que no estén muertos.
—Ey, ¡ey! ¡Despierten!
Las dos cabezas se mueven un poco y tomo sus pulsos. Aunque no están muertos, tengo que levantarlos o el jefe los verá, y entonces serán cuerpos muy vivos y despedidos. Uso mi mejor voz de mando para despertarlos, pero solo murmuran unas cuantas palabras antes de volver a recostar sus cabezas.
—Amy, 黙って寝たい (quiero dormir, cállate), y Ary aún no llega —murmura la mujer tirada en el suelo, con baba en la mejilla.
—Si quieres hablar con tu hermana, la llamaré.
Airi rápidamente levanta la cabeza, volteando a verme aterrada. Cuando se da cuenta de que solo lo dije para levantar su lamentable cuerpo del piso, suspira y empieza a buscar el resto de sus cosas, o al menos sus zapatos. Mientras me aseguro de que se aleje de la orilla de la piscina, me dirijo a Paul que, al igual que mi amiga, está tirado en el suelo con media camisa rota. Por favor no pregunten cómo y cuándo, porque ni siquiera yo lo sé.
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Silencio En Movimiento.
RomansaAracely Hester, exitosa, rica, elegante y sumamente perfeccionista Aracely es una de las bailarinas de ballet más reconocidas mundial mente... o al menos esa es su meta. No es hasta un accidente en el escenario que la obliga a mantenerse en pausa p...
