Capítulo 8: La Decisión Final

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El sol ya comenzaba a esconderse detrás de los edificios, bañando la ciudad en tonos cálidos de anaranjado y dorado. El parque al que Isabela y Gabriel habían ido se llenaba de una tranquilidad que parecía contrastar con la agitación interna que ambos sentían. Gabriel caminaba lentamente, como si estuviera meditando sobre las palabras que Isabela le había dicho, mientras ella lo observaba con una mezcla de impaciencia y esperanza. El aire fresco de la tarde acariciaba sus rostros, pero ninguno de los dos podía disfrutar de la calma. El peso de la conversación aún pendía sobre ellos.

Isabela estaba decidida a hacer lo que tenía que hacer. A pesar de la vulnerabilidad que sentía por dentro, su convicción de estar en el camino correcto le dio fuerzas. No podía seguir viviendo con incertidumbre, no cuando sentía que lo que compartían tenía tanto potencial. No con Gabriel, el chico que la había cautivado desde el primer día. El chico que, a pesar de sus reservas y miedos, había logrado tocar algo profundo en su corazón.

"Gabriel", comenzó Isabela, respirando hondo. "No quiero que esto se quede en palabras vacías. Yo quiero intentarlo, de verdad. Pero necesito saber si estás dispuesto a dejar atrás el miedo, a dejarnos llevar."

Gabriel la miró con un brillo en los ojos, como si estuviera buscando en ella las mismas respuestas que él mismo no sabía cómo encontrar. Por un momento, el mundo a su alrededor desapareció. El ruido de la ciudad, las luces, las personas, todo se desvaneció mientras solo existían ellos dos, parados en medio del parque, al borde de una decisión que podría cambiarlo todo.

"No sé cómo hacerlo", murmuró Gabriel, sus palabras llenas de frustración. "Quiero creerte, Isabela. Quiero creer que podemos ser algo real, que yo puedo ser lo que tú necesitas. Pero... ¿y si te decepciono? ¿Y si no soy capaz de ser lo que tú esperas?"

Isabela se acercó a él, tomando sus manos con delicadeza, sintiendo cómo temblaban ligeramente. "No necesitas ser perfecto, Gabriel. Yo no quiero la perfección. Solo quiero que seas tú. Y si alguna vez cometes un error, si alguna vez te sientes perdido, estaré aquí para ayudarte. No estamos en esto para ser algo que no somos. Estamos aquí para descubrirnos, para crecer juntos."

Gabriel cerró los ojos por un momento, como si sus palabras fueran el peso que necesitaba para finalmente liberarse. Isabela lo observó en silencio, dándose cuenta de que, aunque Gabriel tenía miedo, también deseaba lo mismo que ella: un futuro compartido. Un futuro en el que pudieran dejar atrás el pasado, y construir algo nuevo, algo suyo.

"El miedo es lo que nos detiene, ¿no?" dijo Gabriel, con una sonrisa amarga. "Pero yo también tengo miedo. Tengo miedo de perderte. Tengo miedo de no saber cómo amarte como te mereces."

Isabela, al escuchar sus palabras, sintió un nudo en el pecho. Sabía que sus miedos no desaparecían de la noche a la mañana, y que tampoco podía prometerle que todo sería fácil. Pero sí podía prometerle que estarían juntos en los momentos buenos y malos. Que caminarían juntos, enfrentando las tormentas que pudieran venir.

"Si te dijera que no tengo miedo, estaría mintiendo", admitió Isabela con un susurro. "He tenido miedo todo este tiempo, desde el momento en que llegué a esta ciudad, y te conocí. Pero lo que siento por ti es más grande que ese miedo. Y si tú también sientes lo mismo, entonces... quiero arriesgarme. No porque sea fácil, sino porque creo que vale la pena."

Gabriel, al escucharla, sintió como si un peso enorme cayera sobre sus hombros. La verdad era que había estado huyendo de su propio dolor durante mucho tiempo, había estado guardando todo en silencio, esperando que el tiempo lo sanara. Pero el tiempo no lo había sanado. Había aprendido a vivir con el dolor, pero también había aprendido a amar de nuevo, a su manera. Y ahora, al tener a Isabela frente a él, con sus palabras tan llenas de honestidad, supo que no podía seguir guardando las paredes que había levantado alrededor de su corazón.

"Está bien", dijo Gabriel, tomando una profunda respiración. "Si tú estás dispuesta a arriesgarte, yo también lo estoy. No te prometo que será fácil, pero te prometo que no voy a huir. No de ti."

Isabela sonrió, una sonrisa genuina, que iluminó su rostro. "Eso es todo lo que necesito escuchar, Gabriel. Eso es todo."

Gabriel la miró fijamente, sus ojos reflejando una mezcla de alivio y felicidad. "Entonces, vamos a ver a dónde nos lleva esto", dijo, y con una sonrisa más amplia, la abrazó suavemente, como si por fin hubiera soltado una carga que había estado llevando demasiado tiempo.


Con cada abrazo, cada palabra compartida, el mundo se fue alejando un poco más de la realidad de los dos jóvenes. Sabían que la vida no les iba a ofrecer nada fácil, que los obstáculos seguirían apareciendo, pero también sabían que tenían algo que valía la pena luchar. El amor no era perfecto, pero era suyo. Y con esa certeza, se prometieron avanzar juntos, cada día más cerca, cada día más fuertes, dispuestos a enfrentar lo que fuera que el futuro les deparara.

Mientras el sol se ponía completamente en el horizonte, el cielo oscuro parecía ser un reflejo perfecto de la nueva etapa que comenzaban a vivir. Sin miedos, sin dudas. Solo con la certeza de que, al fin, ambos estaban dispuestos a dar el paso.

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⏰ Última actualización: Nov 26, 2024 ⏰

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