CAPITULO 36

171 17 9
                                        

Durante minutos interminables, la batalla entre los hombres de Jack y el grupo de Derek continuó. Las balas surcaban el aire, los gritos y los disparos resonaban como un caos ensordecedor. En el techo, Matt se tambaleaba, con una mano apretando su pierna ensangrentada mientras Nick disparaba sin descanso para cubrirlo.

—¡Joder, tío! —gruñó Matt, apretando los dientes para contener un grito de dolor. Su rostro estaba pálido, empapado de sudor, y su respiración era un jadeo entrecortado.

Nick, con las manos temblando sobre el gatillo, disparaba hacia las sombras que intentaban rodearlos. Su ceño estaba fruncido, pero en sus ojos había algo más que concentración: había miedo. No miedo por sí mismo, sino por Matt. —¡Aguanta, Matt! ¡Solo unos minutos más! —Su tono era urgente, casi desesperado, aunque intentaba mantener una fachada de calma.

Matt dejó escapar un gemido bajo, rompiendo un trozo de tela de su camisa con movimientos torpes para improvisar un torniquete. —Maldita sea, esto duele como el infierno —masculló, su voz más débil de lo que le habría gustado. Con un esfuerzo titánico, logró ponerse de pie, apoyándose en su pierna buena. A pesar del dolor que claramente lo consumía, levantó su arma, preparado para seguir peleando.

Nick lo observó con incredulidad. —¿Estás loco? Apenas puedes mantenerte en pie.

Por un segundo, Nick quiso obligarlo a sentarse, protegerlo de sí mismo. Pero sabía que Matt nunca aceptaría quedarse atrás. Nunca.

Matt giró el rostro hacia él, sus ojos ardiendo con determinación a pesar de su estado. —No voy a dejarte solo, Nick. —Su voz era firme, inquebrantable, como si el simple hecho de decirlo le devolviera algo de fuerza.

Nick tragó saliva, su garganta seca como el desierto. Un nudo de angustia creció en su pecho al ver a Matt así, vulnerable pero luchando con todo lo que tenía. Habían pasado semanas juntos, peleando codo a codo, compartiendo risas nerviosas en los pocos momentos de tranquilidad, cuidándose mutuamente cuando las cosas se ponían difíciles. Ahora, verlo tambalearse, cubierto de sangre, despertaba algo dentro de él que no sabía cómo nombrar. Era más que preocupación, más que miedo. Era una conexión profunda, un lazo que iba más allá de la amistad, aunque él no sabía cómo definirlo.

—No tienes que demostrarme nada, Matt —murmuró Nick, su voz apenas audible entre los disparos.

Matt lo miró con una sonrisa forzada, pero sincera. —No lo hago por demostrar nada. Lo hago porque eres mi compañero. Mi amigo. —Se apoyó en una caja cercana para mantener el equilibrio mientras disparaba hacia un grupo de hombres que se acercaban por la derecha.

Nick desvió la mirada rápidamente, concentrándose de nuevo en el ataque, pero su mente seguía atrapada en esa respuesta. Amigo. Claro que lo eran, pero entonces, ¿por qué sentía como si cada bala que se acercaba a Matt le golpeara directamente en el pecho?

—¡A la izquierda! —gritó Matt, rompiendo el hilo de los pensamientos de Nick.

Nick reaccionó instintivamente, girando y disparando hacia dos hombres que intentaban flanquearlos. Uno cayó de inmediato, y el otro retrocedió buscando cobertura.

—¡Bien hecho! —dijo Matt, aunque su voz sonaba más débil. Se tambaleó un poco antes de apoyarse contra la pared del tejado. Nick lo vio llevarse la mano a la pierna, intentando ajustar el torniquete improvisado.

—Déjame verlo —insistió Nick, con un tono más firme esta vez. No esperó a que Matt protestara; simplemente se agachó y examinó la herida. La sangre seguía fluyendo, aunque más lentamente gracias al torniquete, pero la piel alrededor del corte estaba hinchada y palpitante.

SIN REFUGIO | Zona Z #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora