El sonido gutural de la risa de Jack resonó en mis oídos, retumbando en mi pecho como una burla. Lo miré fijamente, sin comprender qué podía encontrar tan divertido en su inminente muerte. Mi mano temblaba levemente mientras apuntaba el arma, pero no bajé la guardia.
—¿De qué te ríes, cabrón? —mi voz salió más dura de lo que esperaba, pero el temblor en mi interior era imposible de ocultar.
Jack levantó la cabeza, mostrando una sonrisa torcida manchada de sangre, y sus ojos brillaron con una mezcla de locura y triunfo.
—¿Sabéis cuánto ruido habéis hecho? —preguntó con una burla afilada—. Todos esos disparos, esas explosiones... ¿De verdad pensasteis que no tendría consecuencias?
Sentí un escalofrío recorrerme. Derek, que estaba a mi lado, se tensó al instante.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó él, dando un paso hacia Jack.
Jack inclinó la cabeza, disfrutando de nuestra confusión, y luego continuó con su tono burlón:
—Cientos de esos seres están ahora mismo apilándose contra la valla. Quieren entrar, ¿lo escucháis? Todos esos gruñidos, esos golpes... Están aquí, gracias a vosotros.
Mi respiración se detuvo por un segundo. Derek y yo intercambiamos una mirada rápida antes de correr hacia el monitor más cercano. Al encenderlo, lo que vimos me heló la sangre.
En la pantalla, los infectados se agolpaban contra la valla del pabellón, sus cuerpos deformes amontonándose en un frenesí grotesco. Algunos ya trepaban, torpes pero efectivos, mientras otros golpeaban con tal fuerza que el metal comenzaba a doblarse en algunos puntos. El sonido de sus gruñidos y chillidos llegaba incluso a través de los altavoces de la cámara. El horror se materializó en mi pecho como un peso insoportable.
—Mierda... —murmuró Derek, su mandíbula apretada mientras observaba la escena.
—No puede ser... —mi voz apenas fue un susurro, quebrada por el miedo.
Jack volvió a reír detrás de nosotros, atrayendo nuestra atención. Nos giramos para encontrarlo apoyado contra la pared, disfrutando de nuestra desesperación.
—Yo moriré —dijo entre carcajadas ahogadas—, ya lo he asumido. Pero no sin llevaros conmigo.
—¿Qué? —grité, dando un paso hacia él.
Antes de que pudiera reaccionar, Jack sacó algo de su bolsillo: un pequeño dispositivo con un botón rojo. Mi estómago se hundió al comprender lo que estaba a punto de hacer.
—¡Suelta eso ahora! —le ordené, apuntándole directamente a la cabeza.
Jack negó con la cabeza, con su sonrisa macabra aún en el rostro.
—Es demasiado tarde para vosotros —dijo, y sin titubear, presionó el botón.
Un zumbido mecánico resonó por todo el edificio. Mis ojos se movieron rápidamente hacia las cámaras. Las puertas principales del pabellón comenzaron a abrirse lentamente, chirriando mientras los motores hacían su trabajo. Los infectados, como una ola imparable, comenzaron a entrar.
—¡No! —grité, sintiendo que mi voz se rompía.
Los gruñidos se intensificaron al verlos moverse dentro, invadiendo los pasillos como un torrente de muerte. Derek maldijo en voz baja antes de lanzarse hacia Jack, pero yo le apunté de nuevo, mis manos temblando de rabia y frustración.
—¡Ciérralas! ¡Cierra las malditas puertas ahora! —le grité.
Jack se limitó a mirarme, con una sonrisa más suave pero igual de cruel. —No puedo. Ese botón solo abre. Ya no hay vuelta atrás.
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SIN REFUGIO | Zona Z #1
Ciencia FicciónSeattle ha caído en el caos. Un virus mortal ha convertido a los infectados en criaturas violentas, y la ciudad es ahora un campo de batalla. La oficial Tessa Morgan está atrapada en la comisaría junto a su compañero Matt y un peligroso criminal, De...
