34

1.7K 237 111
                                        











"El verdadero Hombre del Progreso"









La Prisión de Still Water, en donde ni un rayo de sol cruzaba por ahí

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

La Prisión de Still Water, en donde ni un rayo de sol cruzaba por ahí. Silco se encontraba en lo más profundo del océano, en la celda con mayor seguridad de todo Piltover. Vigilantes las veinticuatro horas. Y donde el líder de Zaun pasaría el resto de su vida tras las rejas.

Había recibido golpes de aquellos vigilantes que él había jurado destruir, pero no le importaba, podía aguantar. Estaba demacrado, la sangre de su nariz había terminado de sangrar por fin. Pero el dolor en sus muñecas era insoportable, las esposas le apretaban demasiado, no lo dejaban nisiquiera tocarse la cara debido al dolor de los golpes. Estaba sufriendo, pero sabía que él era más fuerte que todo eso.

El ruido de la puerta de las celdas lo hicieron salir de su trance.
La presencia de aquel consejero era lo único que podía reconocer de todos los presentes, había estado horas encerrado recibiendo golpes pero nada lo hacía pensar en otra cosa que no fuera ______.



—Te dije que te alejaras de ella.—dice Jayce.


—Quiero que sepas que disfruté cada segundo de mi vida con _______, tuvimos el mejor sexo del mundo, algo que tú jamás.....—


Un golpe directamente en sus costillas lo interrumpió, Silco se retorció un poco, pero se enderezó de inmediato para que Jayce no lo viera como un maldito perdedor.


—CÁLLATE.— gritó Jayce.

Silco sonríe a pesar del dolor inmenso en su cuerpo, se burlaba en la cara de Jayce. Haciéndolo estallar más de ira.


—Eres un maldito parásito, igual a los imbeciles de allá arriba que solo toman decisiones bajo sus propias ganancias.— dijo con voz Ronca.


—No somos tan diferentes entonces.—


—Yo ya estaba dejando ese mundo, por _______.— Silco confesó.



—¿Porque ella? ¿Porque no otra mujer?.—



—Ella llegó a mí cuando yo estaba perdido y con las manos llenas de sangre. Me hizo cambiar.—



—No me vengas con bromas, sigues siendo el mismo inútil y patético líder de Zaun.— se rió Jayce.



—Mientras que tú te revolcabas entre los muslos de la Medarda, Yo me revolcaba en los de tu Esposa.— dijo Silco con una gran sonrisa.




A Jayce se le borró la sonrisa. De pronto un vigilante golpeó el rostro de Silco, dejándolo inconsciente sobre el frío suelo de aquella celda.
No sabía si había muerto, pero si fue así, no se quedó con las ganas de burlarse del consejero.

Gangster | Silco (Arcane)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora